Relato "Brishen y Caballero sin nombre"
Fue un combate que duró varias horas y en el cual ambos presentaron graves heridas, pero en el momento en que Brishen logró cortarle el brazo al caballero sin nombre, sabía que había resultado como el vencedor.
No lo mataría, y lo dejaría sufrir lentamente mientras esperaba a que la muerte llegara a él.
Tenía asuntos más importantes de los que encargarse, pero antes de entrar a esa cueva donde estaba el dragón, su enemigo empezó a reír.
Por un momento pensó en la posiblidad de que había caído en la locura después de perder mucha sangre y estar alucinando, pero entonces...
—Si creíste que dejaría a un dragón tan peligroso con vida, no sé si eres el hombre más estúpido de este planeta o simplemente te niegas a ver la realidad—
Ese comentario fue el que lo hizo abrir sus ojos de golpe. Su cuerpo empezó a temblar y el sudor de su frente se había tornado frío.
Caminó hacia el interior de la cuevaz, esperando que lo que había dicho su rival fuesen palabras de un perro ahogado, pero cuando llegó hasta el final... Pudo ver la realidad.
Cayó de rodillas, sin esperanzas frente a lo que se suponía era su única oportunidad de poder ver a Belial con vida y evitar ese maldito futuro.
Todo este tiempo fue en vano y todo este camino solo sirvió para prolongar su miserable vida con falsas esperanzas.
—He cumplido con mi deber... Al final el ganador he sido yo desde el principio—
El caballero sin nombre se había arrastrado hasta ese lugar con las pocas fuerzas que tenía para poder observar su misión siendo un éxito.
Podía notar el tono de victorioso, y era verdaderamente entendible que lo dijera de esa forma.
El dragón estaba muerto desde hace tiempo, y su carne se estaba volviendo putrefacta. No había forma alguna de que pudiera darle la vuelta a esto.
Pero entonces, en su mente apareció el rostro de Belial sonriendo. Eran momentos tan felices que vivieron juntos.
Era un pecado que él estuviera destinado a morir siempre.
No podía aceptarlo. Él le había hecho la promesa de que siempre lo protegería.
No importaba nada, debía intentarlo... Todo fuera por verlo feliz otra vez.
Sacó su navaja y comenzó a cortar la carne del dragón. Tomó uno de los pedazos con su mano y lo observó detenidamente. Sus ojos... Ya solo mostraban locura.
—¿Q-qué planeas hacer?—
El caballero lo observaba y pudo ver cómo se llevaba uno de esos pedazos de carne a la boca.
Usando su navaja cortó y agarró otro pedazo, así una y otra vez.
—O-oye, detente, ¿Acaso no te has dado cuenta de que tú ya perdiste...?—
Por más que le dijera, le hacía caso omiso. Parecía una bestia hambrienta que solo comía por desesperación.
—Para, por favor, para...—
Las fuerzas del caballero eran nulas, pero se logró incorporar poco a poco. Esto que estaba haciendo le daba una muy mala espina.
Cualquier posibilidad... No debía dejar que sucediera.
—¡Dije que te detengas!—
Agarró la daga que tenía en uno de sus bolsillos y usando toda su energía se abalanzó contra Brishen para evitar que siguiera consumiendo esa carne.
Sus esfuerzos fueron en vano, cuando observó cómo una luz empezó a brillar. Una luz azul que provenía de los ojos de Brishen.
Su daga estaba casi llegando a su yugular, si tan solo tuviera otro microsegundo...
La luz fue mucha más rápida y envolvió el lugar por completo con su luz destellada.
Lo que pasó después... Fue un negro absoluto por varios segundos.
Después de un rato, Brishen abrió los ojos y notó cómo los rayos del sol le cegaba la vista. Puso su mano para protegerse.
Tardó en procesar todo, pero vio cómo había un sol en este lugar, no solo eso, los árboles, la tierra, insectos... Todo estaba vivo.
Este lugar era justo como recordaba todo antes de que esa niebla maldita acabara con todo.
—Mira mamá, un caballero—
—Ya te dije que no te acerques a los vagabundos, hija—
Una niña paseando con su madre y varios comerciantes a su alrededor. Estaba en un parque de un pueblo.
Las personas... Todavía había personas vivas.
Lo había logrado. De alguna forma pudo viajar a otra dimensión y lograr su cometido.
Con esto, podría cambiar las cosas y hacer que Belial tuviera un desenlace mejor.
Sin embargo, observó su brazo... Esa corrupción que tenía se seguía esparciendo poco a poco.
Si el caballero tenía razón... Necesitaba apresurarse para darle un giro completo al destino de Belial y tener cuidado de no condenar este mundo.