Relato "Brishen y Maerik"
Brishen lo había perdido todo. El mundo había sido consumido por la corrupción de un ente malvado que tenía por objetuvo destruir toda la vida en la tierra.
Perdió a todos sus amigos, sus estudiantes, pero la gota que había derramado el vaso... Fue el día que perdió al amor de su vida: Belial.
Su muerte significó la desaparición de su poca motivación para seguir con su vida. Desde ese momento trató de terminar consigo mismo y reunirse con él si es que existía otra vida después de esta, pero no podía hacerlo debido a la promesa que le había hecho de no cometerlo.
Desde ese momento, la vida de Brishen fue solitaria y pesada. Se distanció de todos en busca de una leyenda que podía revertir todos estos acontecimientos.
Según lo que contaban, en la montaña más grande de todo el mundo se encontraba el dragón Skellger, uno de los legendarios entre su especie.
Muchos decían que los dragones legendarios contaban con habilidades únicas que los hacían destacar entre los suyos, y en el caso de Skellger, se destacaba su habilidad de controlar el viaje entre dimensiones.
Dimensiones capaces de albergar un número infinito de posibilidades. Revivir todos los acontecimientos de la misma forma o con ligeros cambios.
Esta parte fue la que llamó la atención de Brishen. Si era en verdad que este dragón podía hacerlo, eso significa que podría salvarlo... No fallar como lo había hecho en esta ocasión.
Sin embargo, el camino no fue fácil. Duró varios meses haciéndose paso entre varias criaturas hasta llegar a la cima de la montaña.
Se decía que una vez llegando, la entrada estaría marcada por grandes estructuras ampliamente decoradas con objetos hermosos y que podía ser descrita como una utopía para cualquier ser vivo.
La cosa no fue así...
En su lugar, solo habían montañas de polvo esparcidas y las estructuras ya no brillaban aunque hubieran sido hechas con piedras preciosas.
Esta utopía, era más parecida a un desierto jugando el rol de una tumba.
La realidad es que eso no le importaba a él, mientras el dragón estuviera aquí...
Pero antes de que pudiera acercarse más, encontró a un caballero justo en la entrada de una cueva.
Estaba sentado y su armadura envuelta en polvo, como si hubiera sido una mera decoración de este lugar.
Brishen sabía que ese no era el caso y esperó a que el caballero se levantara, cosa que así fue.
—Sabia que vendrías, pero no sabía qué día—
—Veo que después de tantos años sigues siendo un perro faldero. Si tu jefe está ahí dentro con la criatura, es mejor que le digas que se apresure—
El caballero que tenía delante no era más que Maerik, uno de los miembros del conocido grupo "La quinta alianza".
Esa alianza estaba formada por 5 de los seres más poderosos de todo este continente.
El Alfa y el Omega de la magia, Dantelion; Hacha feroz, Azazel; El pontífice, Ferhy; El caballero sin nombre, Maerik; y por último, su líder, Semyazza.
Cuando esa unión fue creada, no hubo ningún reino e imperio capaz de frenar su inmenso poder y en cuestión de solo dos años, fueron capaces de dominar todo el continente.
Sin embargo, después de la muerte del pontífice, aquel que era el que mantenía al grupo unido, la unión se rompió y no faltaron las traiciones.
Al final, todos ellos fueron derrocados y quedaron en el olvido.
Pero ahora, Brishen tenía a uno de los miembros restantes de esa unión justo en frente de él.
Sabía perfectamente que Maerik era el perro fiel de Semyazza y era el encargado de cumplir los trabajos sucios que le encomendaba.
Era casi una obviedad suponer que si él estaba aquí, su líder también lo estaría.
Sin embrago, el caballero río al escuchar su comentario. Por su tono, no era una que denotaba egocentrismo, si no una de ingenuidad.
—¿Mi jefe? Debiste haber estado en una cueva todo este tiempo. Él murió—
Se levantó de su lugar. Planeaba seguir conversando.
—No sé si te has dado cuenta, Vanatori. Tú y yo muy probablemente seamos los únicos seres vivos en este planeta—Marcando hacía un lugar con su dedo índice.
Él señalaba toda la zona que estaba cubierta con oscuridad pura, de hecho, este lugar en la montaña, era la única zona que todavía no estaba cubierta por esa neblina oscura.
—Desde que él llegó y esa neblina acompañandolo, todo ser vivo fue corrompido, envenado y después murió con el tiempo—
El comentario de Maerik hizo que Brishen revisara de reojo su brazo descubierto. En sus venas podía notar cómo ese mismo color oscuro sustituía y se iba esparciendo poco a poco en su sangre.
No había duda de que este era un veneno que tarde o temprano lo mataría, al igual que todos sus seres queridos y conocidos.
Aun así, esto era algo que ya sabía y un tema que ya no le interesaba hablar.
—Si tu jefe está muerto y tú estás aquí, es por una razón, ¿Acaso vienes a pedirle al dragón que te ayude a recuperarlo?—Lo decía con un tono molesto.
—Eres ingenio. No he venido hasta aquí para revivir a alguien que yo mismo asesiné. Así que, para que te quede claro... sí, yo le quité la vida a Semyazza—
La revelación fue una sorpresa para sus oídos, pero rápidamente le hacía lógica, después de todo, la unión de ellos fue echada a perder por las traiciones.
—En lugar de eso, vine por mi deber—
—¿Deber?—
—El sabio Numen me encargó la misión de resguardar este lugar—
Numen... Ese nombre solo le hacía hervir la sangre en todo su cuerpo. Él fue la razón, no, fue el asesino directo de Belial.
Después de ver lo que había hecho, se vio envuelto en una batalla contra él y terminó arrebatándole la vida, pero nada de eso había importado, el amor de su vida había muerto y no pudo hacer nada para salvarlo antes.
—A pesar de ser de bandos rivakes, él y yo compartíamos el mismo ideal de proteger la vida en este mundo sin importar los métodos, pero... —Haciendo una pausa para ver cómo esa neblina se acercaba poco a poco hacia ellos—Creo que ambos fallamos en protegerlo —
—Si tu misión fracasó, no te interpongas en cumplir la mía —
Maerik se quitó el yelmo y dejó a la vista su rostro lleno de ingenuidad.
—Todavia no lo entiendes. Numen me contactó hace unos años. Me dijo que si algo salía mal, tú vendrías a este lugar para poder usar la habilidad de este dragón. Por eso he venido para no dejarte pasar —
—Deja las estupideces a un lado, ¡¿No ves que este lugar ya está hecho un desastre?! No tienes nada que proteger ahora —
—Ahí es donde te equivocas. Tienes razón en que este mundo está condenado, sin embargo, la corrupción que llevas dentro de ti... Si llegaras a viajar a otra dimensión, podrías esparcirla. No estoy luchando por este planeta, lo haré por los demás que todavía están sanos y libres de esto—
El discurso tenía sentido, pero no lo iba a comprar. No había venido hasta aquí como para dejar que este bastardo fuera a interponerse para poder salvar a Belial, aunque fuera el de otra dimensión.
Este maldito caballero no tenía derecho a decir esas cosas, después de todo...
—Bonitas palabras y un discurso heróico para un asesino como tú—
Apretó sus puños y también sus dientes tratando de calmar su rabia, pero era algo extremadamente difícil.
—¡¿Acaso ya se te olvidó que tú fuiste el que asesinó a mis estudiantes?!—
Dayami y Azkeel, los dos únicos estudiantes que fueron capaces en graduarse con honores bajo las enseñanzas de Brishen.
A pesar de considerarlos unos tontos en ciertas ocasiones, eran guerreros honorables, pero especialmente grandes compañeros con los que se había empezado a llevar bien.
Después de una misión en donde fueron enviados a explorar una zona, lo último que recibió de ellos fueron sus medallas de identificación.
Tiempo después, logró saber que aquel quién fue responsable de sus muertes, fue el caballero sin nombre, el alter ego de Maerik.
Se sorprendió que, al haberle reclamado eso, Maerik derramó lágrimas en sus ojos.
—Dayami, Azkeel... Ahora lo recuerdo—
Sus piernas comenzaron a temblar y su cuerpo estaba estática mientras se lamentaba.
—Ellos siempre se portaron bien conmigo, como si fueran mis hermanos y yo los maté... Ahora entiendo por qué nunca los pude volver a encontrar—
Su ojos estaban en shock y con leves lamentos que apenas podía escuchar Brishen.
Sus niveles de respiración y agitación iban en aumento y su rostro resultaba más demacrado cada vez que se seguía lamentando.
Pero entonces... Simplemente paró. Sus ojos se elevaron y mostraban alta serenidad. Su cuerpo tomó una compostura letal y dispuesto a luchar.
En ese momento, supo que en todo este tiempo, nunca conversó con Maerik.
—Es una pena que hayas visto ese lado tan... lamentable de mi parte. Tienes razón, yo fui el que asesinó a tus estudios, ¿Me odias? Está bien. Yo también te odio por haber matado indirectamente a miles de millones de personas—
—¿Indirectamente?—
—Si tú no hubieras matado a Numen... Él habría encontrado una forma de evitar esto. Fuiste el responsable de que este mundo que intentaba proteger, esté condenado. No veo más razones válidas para que ambos luchemos a muerte—
—Por fin estamos de acuerdo en algo—
Agarró fuertemente su mandoble y apuntó hacia el caballero sin nombre. Sin embargo, este todavía tenía algo que decir
—Creeme. Si hubiera sabido que venías hasta aquí para salvar a todos, tendrías mis respetos, pero... Hacer todo esto, ¿Por una sola persona? Qué estupidez—
Había tocado un punto altamente sensible este caballero. Tenía ganas de matarlo, pero ahora sentía la necesidad de hacerlo sufrir y verlo avergonzado por no cumplir con su misión.
Era un hecho que si alguien denigraba a Belial aún estando muerto, él no dejaría pasar esto fácilmente.