¿Puede ser que algún día pueda encontrar la tranquilidad? Me vuelve loca esto estar y solo sonreír cuando por dentro lo único que hago es sufrir. Siento que no va a parar, ella se mete en mi cabeza y está presente todos los días, la verdad ya no se que hacer, a parte de disimular.
No para de hablar, siempre dice algo, una, y otra vez. Otra vez.
—No hay que molestar a nadie, estos problemas son tan insignificantes, como vos para la gente que no conoces, no exageres.
—No creo que esté exagerando.
—Sí, lo estás haciendo.
—Pero enserio duele.
—Entonces vas a tener que sufrir en silencio, nadie te quiere escuchar.
No quiero pero tengo ganas, si demuestro vulnerabilidad me van a llenar de preguntas ¿Qué les voy a contestar? "Estoy mal, pero no sé por qué", se van a reír, me van a mirar mal. En serio quiero hablar, pero creo que ella tiene razón.
Quiero sanar, espero sanar pero creo que por ahora toca aguantar. Viene con sus palabras afiliadas y sabe donde apuñalar, pero es la única que escucha, aunque me haga sentir peor, está ahí para mí y dudo que se quiera ir, solo tengo que aprender a convivir.
—¿Y si pido ayuda?
—Ya te dije que no te quieren escuchar.
— ¿Si no me quieren escuchar, por qué preguntan?
—Falsedad, lástima.
Entonces es así, la gente miente para convivir, finge que les importa los demás para quedar bien, que asco. Esto solo me hace preguntar para qué estoy acá, viviendo y tratando de existir. Pero, si a mí sí me importa, capaz que a otros también, no creo ser la única.
—Solo hay que arriesgarse...
— ¿Qué?
—Voy a pedir ayuda, quizá alguien me escuche.
—Ya te dije que no.
— ¿Cómo sabes?
—Porque lo sé y punto.
Algo está mal, lo supuse desde el principio, pero lo ignoraba. Sí, como dije antes, no me hace bien ¿Por qué sigo con ella? Es como un viejo chicle masticado bajo una mesa, así de pegada está de mí ¿Por qué sigo escuchándola? ¿Por qué sigo con ella?
—Basta...
—Te lo digo enserio...
Salí corriendo gritando ayuda sin querer escucharla nunca más. Gritaba, gritaba y gritaba más, pero todos me daban la espalda, aunque sea uno se diera la vuelta. Seguí sintiéndola atrás mío, también corriendo ¿Por qué, por qué nadie se da la vuelta? Me tropiezo con mi propio pie y caigo arriba de mis brazos que puse por instinto para no golpearme la cabeza o la cara. Fruncí los labios aguantando las lágrimas.
—Qué te dije.
Solté un grito desde la garganta sin poder aguantar más el dolor del nudo que se formaba dentro de mí, mi voz se escuchaba en el lugar, no me importaba si se me desgarraba, yo gritaba, capaz tratando de sacar todo esto. Las lágrimas caían una tras otra sin permiso, tenia la cara empapada ¿Por qué yo? ¿¡Por qué a mí!? Sentí como me empezó a acariciar la cabeza como un perro, tratando de consolarme.
—No soy nadie, pero acá estoy.
—No sé, vos...
—No podes escapar de vos misma, al menos que…
La miré, al menos que…