No quiero soñar, no quiero volar. Solo quiero verte una vez más. ¿A dónde fuiste? ¿Por qué te dejaste caer?
—Tú solo me sirves por tu dinero —dijo él y yo me rendí.
El verbo no floreció en mi piel. Y mis pensamientos se martirizaron.
—Dime, ¿qué no te gusta de mí? —pregunté creyéndome inútil—. ¿Por qué no te gusta nada de lo que hago? ¡Te he dado lo que tenía! ¡Te he dado mi vida completa! ¿Por qué dices que no te sirvo?
Desearía que el mundo no jugara al revés. Manipula y engaña.
Mi amor estalla.
—Ni siquiera un hijo me has podido dar —exigió él—. Estás seca, mujer.
—No lo estoy... es solo que tu no me amas —escupí mi resentimiento sin querer.
Ese hombre se había llevado mi vida.
No me amaba. Y yo me arratraba.
Pero...
—¡No más! ¡Ya no soporto más! —grité y al fin me fui a vivir mi propia vida.
No iba permitir que me maltratara más.
Yo me iba a conseguir otro marido.
¡No!
Yo iba a ser mi propio marido desde ahora.