Todos hemos conocido alguna vez a una “persona perfecta”. Que aparentemente todo le sale bien y no tiene ningún defecto. Aquella que despierta admiración pero envidia a la vez. De las que piensas que están hechas para ocupar algún cargo importante en la vida.
Qué lindo…
Y más lindo es saber que yo soy era una de ellas.
O eso es lo que pensaba. Mis notas y apariencia perfecta me lo hacían creer. Eso, sin mencionar que mi familia ocupaba buena posición social. ¿Tener lo que quería? ¡Eso era fácil para mí! Todo estaba servido en bandeja de plata incluyendo a las personas.
Pero… ¿Por qué me sentía incompleto? ¿Por qué me siento solo? Nadie me conoce bien. Nadie sabía de mis preferencias o desagrados. Nadie.
Vivía en un mundo de apariencias y deseaba a alguien que viviera fuera de todo prejuicio y me sacara de aquel hoyo…
Que me sacara de aquellas apariencias… Qué sueño absurdo.
Debo dejar de esperar y ponerme a buscar.