Relato "Brishen"
Todavía recuerdo la primera vez que estuvimos juntos. Fue en esa noche lluviosa y ruidosa gracias a las tormentas que se creaban sin señal de parar.
Nuestro único escondite fue esa cabaña de madera abandonada. Era vieja y tenías varios daños alrededor, pero suficiente como para tenernos a salvo.
Sin embargo, nuestra ropa, empapada gracias a la tormenta que nos tomó desprevenidos, tuvimos que quitarnosla para no resfriarnos.
Para mí no era problema estar así, ya había pasado por cosas peores anteriormente, pero para ti no era lo mismo.
Notaba cómo tu cuerpo temblaba exageradamente gracias al frío que tenías. Mis esfuerzos por encontrar por lo menos una manta vieja fueron en vano.
De no hacer algo, probablemente te habrías enfermado, y eso era algo que no podía permitirme.
Así que, dejando mi vergüenza a un lado, me acerqué a ti y te abracé para transmitir el calor de mi cuerpo hacia ti.
En ese momento, dejaste de temblar inmediatamente. Dijiste que estaba muy cálido, pero la realidad era que también la pena hacia que mi cuerpo subiera la temperatura también.
Nunca antes había mostrado esta cara a nadie, y por primera vez por ser tú, lo hice.
Pero también era un arma de doble filo. Tenerte tan cerca, escuchar tu respiración tan agitada y con esa mirada tan linda que nunca podría sacarme de la cabeza.
Era injusto. No tenías derecho de ser tan lindo frente a mí en una situación como esta.
Te sujetaste muy fuerte a mí, no sabía por qué, pero cuando vi tus ojos brillantes, era como una invitación.
Una invitación a perder mi serenidad en estos momentos.
En ese momento, sin pensarlo, te tomé de los hombros y acerqué mi rostro al tuyo. Ambos estábamos nerviosos, lo podía saber al escuchar el corazón de ambos latiendo a toda marcha.
Nuestros labios se juntaron. Fue algo inmediato la primera vez, casi fugaz y un poco brusco, pero no me desagradó.
Lo volvimos a intentar. Una y otra vez. Sin darnos cuenta, esa sensación tan cálida y feliz que sentíamos iba en aumento.
Podía sentir cómo agarrabas mi espalda sin intención de soltarme y para mí era lo mismo.
Tu cuerpo tan pequeño comparado con el mío, pero tan hermoso que era. No podía dejar de admirarte en cada momento.
Caíste al suelo y yo te seguí también. Acariciaste mi cabello cerca de mi nuca mientras me sonrías con felicidad.
Era un punto de no retorno y ambos lo sabíamos, pero a ninguno nos asustó la idea, se trataba del momento que tanto habíamos deseado.
Por fin estar juntos, de esta forma, sin nada que ocultarnos y sin miedo a estar así de vulnerables el uno con el otro.
Fue así como culminamos nuestra primera vez juntos, y aún sin ser como me lo había imaginado, es el mayor recuerdo que sigo guardando en mi corazón.