—Lamento mucho si tú instinto maternal despertó, pero yo no quiero ni pienso ser padre por ahora — dijo mi novio.
—Tranquilo, el hecho que me haya emocionado por el nacimiento de tu sobrinito, no quiere decir que yo quiera tener uno. Así que no te preocupes. Estoy consciente que aún no es tiempo. Tristemente respondi
—Ah que bueno, me alegra que estés clara, yo no quiero hijos por mucho tiempo, quiero disfrutar mi vida, sin impedimentos de ningún tipo. ¿Entendiste?
—Carlos, sé que por ahora no es viable, pero caramba tampoco digas que en mucho tiempo, llevamos tres años de novios, y ya tenemos veintisiete, por lo menos pondríamos ir planificando nuestro futuro, claro, si es que tú te proyectas a mi lado. Si no es así, habría que sincerarse, y ver qué es lo que queremos. Bueno, en todo caso realmente qué es lo que quieres tú, porque yo, sí estoy bien definida.
—Mira Sofía, yo no voy a discutir, pero una cosa si te digo, yo no voy a casarme, ni a tener hijos, para en unos años estar frustrado por ahí porque no quemé etapas, y como ya lo sabes quiero vivir a mi ritmo, sin miedo, sin remordimientos y sin ataduras. Y menos lo haré para complacer a una romántica empedernida como lo eres tú, que lo único que ahora parece anhelar es casarse y tener hijos. ¡Ay no. No lo soporto! — lo siento, pero no es mi estilo.
—Bueno, lastimosamente, hasta aquí llego contigo, me he dado cuenta que tú y yo lamentablemente no miramos en la misma dirección, nuestros objetivos no se orientan hacia el mismo horizonte. Ni modo. ¡Que triste realidad!
Es mejor dejar las cosas así. Y también lo siento, seguiré así como soy, como bien lo has dicho:
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