Yo era una chica hermosa y vanidosa. No era un secreto que la mayoría de hombres que me conocían se enamorarán de mí. Era todo lo que un hombre quisiera. Yo era...
–¡Un florero! –dijo mi hermana menor cuando le quité a su novio–. ¡Eres una mujer florero! ¡¿Acaso no lo entiendes?! ¡No importa tu personalidad! ¡No importa tus sentimientos! ¡No importan tus ideas! ¡Los hombres solo te buscan porque eres un adorno bonito! ¡Eres vacía! ¡Superficial! ¡Una mujer que no hace nada y no hará nada!
–¿Florero? –repetí enojada–. ¿Un horroroso florero? –sin saber qué más decir–. ¡Yo...!
—Señoritas, su abuelo las espera en la sala –interrumpió la sirvienta y antes de que pudiéramos replicar, continuó–: El señor dice que es urgente –y se retiró antes de que le pudieran gritarle.
Esa chica era astuta y nunca realizaba un movimiento sin pensarlo dos veces. Algo estaba sucediendo y era algo malo. ¡Lo presentía! Por ello me puse en alerta. Aquella sirviente nunca hubiera detenido la pelea si es que el mensaje no fuera importante.
¡Al abuelo debía estar pasándole algo!
Así que:
–¡Abuelo! –fui corriendo a la sala–. ¿Abuelo, estas bien? –pregunté temiendo sus palabras.
–No, no estoy bien –él respondió–. Las empresas no andan bien y tengo algo que pedirles.
–¿No andan bien? –mi hermana indagó consternada–. ¿Cuál de todas las empresas? ¿TION? ¿HU&ER? ¿R.G.A? ¿K.G? ¿Cuál?
–Todas –respondió él y mi hermana se descompensó.
El rostro del abuelo era preocupante.
Tenía un semblante horrible.
Esta derrotado.
–Pero... ¡¿cómo?! ¿Qué sucedió? –pregunté.
–Muchas cosas... el verdadero dueño ha regresado y debemos servirlo. ¿Se acuerdan de la historia que les conté cuando eran niñas?
–Él de la guerra o la del vampiro –respondió mi hermana tratando de no desesperarse más–. ¡No me digas que es cierto! –esta quería llorar–. Abuelo... ¿no te estarás volviendo loco? ¡Estás senil, de seguro! Déjanos llevarte a un centro de...
–Mi amo pidió que le entregara a una de mis nietas –interrumpió este sin querer para su relato–. Él desea que le pague por todos estos años de abundancia.
–Abuelo... no hables más, es mejor que descanses –dije arrastrando la voz–. Puedes contarnos de esto mañana en la mañana, ¿Qué tal? –propuse tratando de no temblar.
Había algo en el ambiente que me atemorizaba. Mi hermana también lo sentía y se abrazaba a sí misma. Mi abuelo cerraba los ojos y apretaba los dientes. Y todos nos sentíamos en peligro.
–¡Yo quiero terminar mi carrera! –apresuró mi hermana a decir—. Tengo premios y reconocimientos. Soy útil para la empresa. He estudiado y perfeccionado mis habilidades por mucho tiempo. Mi deseo en convertirme en la mejor CEO cuando tenga 40 años... así que yo no puedo ser llevada por su amo, abuelo. Soy un recurso importante que ha sido labrado con años de esfuerzo. Yo todavía quiero superarme. Es mejor que Katrina sea llevada por su amo. Ella no ha hecho nada por su vida.
–¿Seraphina? –dudé de la cordura de mi hermana–. ¿Por qué dices eso?
–Ella solo es una “mujer florero”, no realizan ninguna labor profesional. Sólo viven para aparentar y agradar a los hombres. Su vida gira en torno a sí misma y su disfrute personal. ¡Ella es la indicada! ¡Nadie la extrañará!
¿Qué?
No podía creer lo que estaba pasando.
Ambos, mi hermana y el abuelo, estaban como poseídos. Tenían las manos juntas -tal y como, si rezaram–, y las cabezas gachas.
¡¿Qué estaba pasando?!
–Yo... –dije para defenderme de todas las atrocidades que decía mi hermana, pero–: ¿Soy un florero? –pregunté siendo muy tonta.
Y así marqué mi destino.
Fui secuestrada esa noche por el "supuesto amo" de mi abuelo.
–Te haré mi esposa –dijo.
Pero yo aún andaba con esa duda... ¿Soy una mujer florero?