Hace exactamente tres meses que descubrí el hecho de que estaba muriendo.
Yo una de las tantas personas que no le tenien miedo a la muerte y se creen invencibles, o eso era lo que pensaba.
El escuchar mi diagnóstico fue desgarrador para mi orgullo que jamás había tenido que decer ante nada ni nadie. Pero el momento de abandonar este mundo nos llega a todos sin previo aviso.
Es por esto que escribo esta carta cuando aún puedo hacer por mi cuenta.
Hasta este momento de mi vida jamás me había arrepentido de algo, pero viéndolo todo desde atrás me doy cuenta de lo mucho que me he equivocado y del poco tiempo que tengo para remediarlo.
El día que conocí al amor de mi vida, a Beatriz mi amada esposa y emperatriz me sentí el hombre más bendecido del mundo. Es difícil que un matrimonio arreglado sea tan siquiera uno pacífico, mucho menos esperaba que el amor surgiera entre nosotros.
Poco después de nuestro compromiso tuve que partir a la guerra para asegurar a mi reino así como mi lugar en el trono como príncipe heredero.
El campo de batalla es un lugar horrible, todos los relatos que puedas haber escuchado se quedan bastante cortos con la realidad.
Es un verdadero infierno; pero siempre hay un rayo de luz en la oscuridad.
Para mí fue una campesina llamada Amanda, siempre estaba alegre sin importar la situación y en algún punto ella se metió en mi corazón, me sentía mal por mi Beatriz qué siempre en sus cartas me hablaba de lo mucho que me esperaba en casa sano y salvo; de como mi ausencia hacía que su corazón se lastimara y doliera demasiado.
Era tanto lo confundído y abrumado que me sentía, mi mente como mi corazón eran un verdadero desastre en ese momento; no tome las mejores decisiones y cometí un error fatal. Me involucre de más con Amanda y una noche me volví uno con ella.
Tan arrepentido estaba que en la mañana siguiente me sentía fatal, tomé mis cosas y empecé mi camino de regreso a donde estaba mi corazón, con mi único y verdadero amor Beatriz.
Pero antes de tan siquiera dar algunos pasos la voz quebrada de Amanda preguntando por qué me marchaba tan de repente me detuvo en secó.
Decidí dejar de esconderme le conté quien eran y cuál era mi papel en esta vida.
Me miró con tal sorpresa y odio que por fin comprendía lo que ella sentía por mí, pero ese sentimiento no era correspondido; por más que así lo quisiera no había más lugar en mi corazón que ya estaba ocupado por Beatriz.
Un viejo amigo mio llego a buscarme mientras Amanda me maldecía por haber jugado con su corazón y por haberle ocultado la verdad después de tanto tiempo.
Casi un año lleno de mentiras tanto para ella como para mi.
Mi amigo le arrojó una pequeña bolsa con algunas monedas de oro, aun recuerdo lo que le dijo y sigue resonando en mi mente.
"Toma éste dinero no hables con nadie de lo que paso esta noche con el Emperador y no está de más decir que si hablas yo mismo te cortaré la cabeza".
Las palabras de mi amigo me dejaron sorprendido y no por su dureza, si no porque me había llamado Emperador.
Subí a mi caballo y me fui de regreso al campamento, pero mientras lo hacía escuché los gritos desgarradores de Amanda mientras maldecía su existencia y mil veces más la mía.
Aún me preguntaba si había hecho lo correcto, al avanzar y no voltear hacía atrás algo me decía que no estaba bien.
Pero cuando llegue al campamento fui recibido por todos y al mismo tiempo me enteré que mi Padre había muerto a manos de uno mis hermanos menores; los nobles de la capital solicitaban que volviera para tomar el trono y castigar a los rebeldes.
Fue como si todas las dudas se dispersaran en ese momento.
Jamás pasó por mí mente que mi primer decreto después de la coronación sería una sentencia de muerte para mí hermano menor, no sabía que diablos había pasado en la capital mientras estaba en la guerra.
Todo estaba patas arriba e intente arreglar las cosas lo más rápido posible.
Uno medio año después por fin me había casado con Beatriz, mientras realizábamos un pequeño recorrido en carruaje por las calles principales de la capital creí haber visto a Amanda entre la multitud y los sentimientos de culpabilidad volvieron.
No tenía el valor para contarle a Beatriz el terrible error que había cometido, así que lo guardé como un secreto que me llevaría hasta la tumba.
Así fue como viví por casi 20 años junto a mi amada Beatriz, pero una mañana lluviosa de primavera la vida me la quitó. Siendo el peor día de existencia.
Fue difícil decirle adiós, mande decretar una semana completa de luto en todo el reino.
Mientras el cortejo fúnebre avanzaba y era compañado por mis hijos en dolor, volví a ver a Amanda en la multitud parecía como si nunca hubiesen pasado los años en ella, pero sus ojos y su mirada eran totalmente diferentes de lo que podía recordar.
Mande discretamente uno de mis más leales y viejos caballeros a que fuera por esa mujer.
Una sorpresa total fue la que se llevó al solo encontrar una vieja moneda con el rostro de mi padre grabada en ella.
Para algunos seria extraño que una moneda vieja aún estuviera circulando por el reino, pero para mí esa moneda era reconocible; como unas de las que tenía la bolsa que le arrojaron a Amanda.
Con ayuda de mi viejo amigo comencé a investigar un poco sobre lo que le había ocurrido a Amanda.
No tarde mucho enterarme qué había muerto un año después de la última vez que la vi.
Pero lo más sorprendente es que había muerto en un convento de su pueblo, según su acta de defunción murió por muerte natural.
Algo no estaba bien ya que poco después una joven doncella del convento lo abandonó después de tener a su bebé, pero habían registros de que ella estuviera embarazada.
Ella y Amanda se habían vuelto muy buenas amigas antes de que ella muriera.
Poco a poco las piezas del rompecabezas hiban tomando su lugar, pero cada vez que sentía que estaba cerca de encontrar la verdad de forma misteriosa desaparecían de los archivos los documentos o simplemente parecía que la doncella y su hija se las había tragando la tierra.
Decidí dejar las cosas como estaban y no seguir escarbando más en el pasado. Y así volviendo a pasar los años, para ser más exactos 4 años.
Ya empezaba a presentar algo de malestar pero no le daba mucha importancia, no podía verme débil o mis enemigos atacarán sin piedad ni remordimiento a mi familia, la preciosa familia que me había dejado mi Beatriz.
Una tarde de otoño mientras hacía un aire frío pude volver a verla fue como si se burlara de mi y me estuviera desafiando a pelear, no era la mirada de odio y decepción que me había dado Amanda.
Era una de odio, venganza y frialdad pura la que podía ver en sus ojos.
Intenté acercarme a la joven misteriosa pero esta desaparecio junto con una ráfaga de aire, podía sentir en odio en el ambiente y me sentía aún más culpable, mi corazón no lo resistió. Caí inconsciente por todo el invierno y los rumores de que el Emperador estaba gravemente enfermo comenzaron.
No me imagino lo difícil que fue para mis hijos el tener que afrontar a mis enemigos mientras yo estaba convaleciente hasta que desperté en la primavera.
Enseguida le pedí a más personas de mi total y absoluta confianza que me ayudarán a encontrar a esa joven, no podía irme de este mundo sin saber la verdad. Aunque sabía que no lo merecía, sabía que después de todo debía de seguir sufriendo ya que era algo que yo me merecía.
Poco tiempo después las investigaciones dieron por fin frutos, había pistas sólidas del paradero de la joven. Mande que fueran a buscarla y que la traerán ante mi presencia.
Cuando los caballeros llegaron fueron emboscados por personas desconocidas y entre ellas estaba la joven quien parecía ser la líder.
Deje de perseguirla y empeze a volver a escarbar en el pasado.
Por fin sabía quien era ella y porque me miraba así, me sentía aún más culpable por mi pasado y las estúpidas decisiones que había tomado.
Es por esto que si estas escuchando esto quiero pedirte perdón aunque sea demasiado tarde para hacerlo, se que nada de lo que te pueda dar podrá arreglar lo que te arrebate a ti y a tu madre.
Se que no soy la mejor persona del mundo y que es demasiado egoísta de mi parte el pedirte perdón.
Pero encerio necesito que lo hagas, solo así podre tener paz en el otro mundo.
Es por eso que dejo lo más importante en mi vida, mi amada familia que a hora sers tuya y mi trono.
De todo corazón esperó y que con esto pueda ser suficiente para devolverte toda la felicidad que te mereces.
No vivas llena de arrepientos que te destruirán desde lo más profundo, vive a tu manera y se muy feliz hija mía.
Con todo el dolor y amor de mi corazón tu Padre el Emperador Augusto IV Ulysse Framework Magno.
Fechado el 23 de Mayo del año, correspondiente al 123 año Imperial.
Esta carta se leerá a primera hora de la mañana siguiente a mi muerte, en gran balcón real en presencia de mis 7 hijos, los príncipes de la corona.