Cuando las niñas juegan en su inocencia y libertad, piensan que el mundo es un lugar de risas, alegría y diversión y, asumen que los mayores son almas puras y gentiles.Sin embargo, ingnoran que hay ojos malignos y almas negras cerca de ellas.
Fue él, yo lo sé, no fue una pesadilla realmente sucedió y él momento está anclado en mi memoria. Yo tenía 8 años, soñaba con ser arqueóloga cuando fuera mayor, todos en mi familia conocían mi anhelo y dentro de esta estaba él. La misma persona que un día cuando estaba borracho, me llamó a su lado para profanar mi inocencia, destruyó mis ilusiones y sembró la semilla del miedo y la inseguridad.
La menarquia se hizo presente el momento que aún jugaba con Barbies y con los amigos al fútbol después de clases. Maldigo la hora en sucedió...
Mi cuerpo avisó que venían cambios: mis pechos crecieron, usaba brasier, él bello apareció y todos los aspectos de mujer aparecieron en una pequeña que no asumía que esto era apenas él comienzo.
Él notó como me transformaba en una niña presa en un cuerpo de mujer. Es ahí cuando su mirada cambió, la maldad se asomó en sus ojos y los instintos de hombre era parte de sus "palabras de cariño. Mi integridad era destruida cada vez que por sus malas acciones, él miedo y él silencio fueron mis verdugos y la culpa se apoderó de mi ser.
"¿Por qué tuve que crecer?, ¿Acaso no era mejor la inocencia y la libertad de la infancia?, ¿Por qué estoy presa en este cuerpo que Él daña con sus palabras, miradas y manos?, ¿Alguien me creerá si digo algo?
Deseo con toda mis fuerzas desparecer cuando Él se emborracha. Y como si leyera mi pensamiento, grita mi nombre para que vaya a llevarle agua"
Él tiempo pasa con rápidez, no nos damos cuenta él instante en que la adultez se hace presente, no obstante en él fondo de tu ser sabes que estás destruida. Que tienes miedo, pero lo ocultas con una sonrisa de brakest y labios maquillados de labial rojo. No aguantas la cercanía física, ni las muestras de afecto masculinas.
Hasta que en medio de la depresión, una pesadilla trae de vuelta los viejos demonios llamados malos recuerdos. Lo sé, tengo 24 años, recién mi lengua, temblando, es capaz de hablar del oscuro infierno que habita en mi alma. Lloró, maldigo, entro en pánico, tomo medicamentos, intento acabar con mi vida y la culpa reaparece.
Por fin, puedo mirarlo a los a Él sin miedo, en cada comida familiar y en cada minuto que estamos en la cocina, le demuestro que ya no tiene poder sobre mí. Deseo no verlo nunca más, que salga de mi casa para siempre para poder sanar. Pero ¿cómo podrá hacerlo si es mi tío?
Ay, existe un episodio que a todos nos deja impactados y cuyo final es inesperado. Si, a todos nos llega la muerte, es en estos casos cuando la celebras. A Él, él epílogo de su negra vida lo tomó sin previo aviso, acabó con la miserable existencia que llevó. Él peligro se enterró, junta con el miedo, la angustia, él dolor y él pasado.
La primavera se asoma en mi existencia, esta me permitió volver a encontrarme con esa niña de 8 años. Tomé sus sueños de ser arqueóloga y descubrir él pasado humano, recogí su anhelo de conocer Egipto, dedicarse a la egiptología. Abracé su seguridad, su alegría, le pregunté si me las presta para que luchen contra la depresión y la ansiedad, accedió con gusto. Le dije que sería mejor que compartiéramos la seguridad en nosotras mismas, me respondió con esa sonrisa que le falta un premolar superior. Sólo le quise advertir una cosa: él mundo es un lugar oscuro, las personas no son puras, muchas veces intentarán dañarte y hasta destruirte; aunque algo te suceda no te rindas, toma tus pedazos y reconstruyete como la persona guerrera que eres.
Así es, yo soy la mujer que es una niña reconstruida.