Yo…
Yo soy víctima de un «acosador» y… ya no sé qué hacer…
Lo he reportado más de tres veces en el último año y nada. Todo sigue. Él no se cansa de perseguirme. Y ya no sé si me ama o me odia.
No puedo vivir con tranquilidad. Ni muchos menos salir sola sin tener que asustarme. Siempre siento esos ojos observándome. Siempre siento que me apuñala con la mirada desde algún rincón. ¡Y es irritante! Estoy cansada de él. ¡Estoy harta!
¿Acaso no se cansa? ¿Acaso no tiene vida propia? ¿Por qué me sigue?
Yo no soy ni muy bonita ni mucho menos tengo dinero o algo relevante.
Solo soy una estudiante mediocre de quince años.
¡Una más del montón!
Por ello:
—Niall… —llamé el nombre de mi hermano—. ¿Dónde estás? —pues estaba cansada de esperar.
Él era el encargado de acompañarme de la casa a la escuela y viceversa. Mis padres lo habían designado a él y yo no tenía nada que objetar. ¡Él era perfecto para el puesto! ¡Me sentía más segura con mi hermano alrededor!
—Demoraré un poco… —respondió él cuando le llamé—, tuve un pequeño percance —excusó con prisa—. Ánica, por favor. Espérame solo unos minutos. Prometo no demorar más de quince. ¿Está bien?
—¿Quince? —traté de no responder alarmada, pero no pude—. ¡¿Por qué tanto?! ¡Tengo que ir a la práctica de futbol!
—Mi novia tuvo un problema en el trabajo —dijo apurado—. Y tengo que apoyarla. ¿Puedes venir al «Royal»? Te llevaré con mi carro desde ahí.
—Pero… —quise decir; no obstante, él ya había colgado la llamada.
¡No!
¡No me hacía gracia caminar SOLA en las calles!
Por eso, «tranquila», me di ánimos.
—Solo son tres calles —hablé en voz alta y me aventuré a sacar un pie fuera de mi casa—. Solo tres calles… Tres… Tres… Y… ¿si mejor no voy?
Era una difícil decisión.
¡No quería salir!
¡No!
Entonces decidí no salir de casa.
Prefería mil veces mi seguridad a morir por ahí.