Relato "???"
Fue exactamente en nuestra época de estudiantes. Ahí te encontrabas en el aula como el prototipo de estudiante "Perfecto".
Alexander Magnánimo, así me refiero a ti siempre que te recuerdo. Rodeado de tantas amistades. Siempre dando todo en sus estudios y aún dándose el lujo de tomar su tiempo para todos los demás que acudían en tu ayuda. Un alma tan pura y amable que ayudaba sin pedir algo a cambio. Espléndido a los ojos de cualquiera a su alrededor. Excepto a la mía.
Desde mis ojos, tu esplendor era tan diferente a la mía que sentía que a veces éramos de dos dimensiones distintas.
Para ti cada día era un bucle sin ningún tipo de cambio. Llegabas a las 8:30 de la mañana, una hora antes que cualquiera y aprovechabas para dar un pequeño repaso antes del inicio de clases. En la tarde hacías deporte para mantenerte en forma y cuando la oscuridad llegaba eras de los típicos niños buenos que se acostaban a las 10 de la noche para descansar y caer en un sueño profundo esperando a que tu siguiente mañana llegara.
Tu vida, muy diferente a la mía. Siempre llegando tarde a clases, e incluso con problemas para llevar a cabo una rutina para cambiar mi estilo de vida. Los días para mí pasan tan lentos como ver cada hora pasando en las manecillas de un reloj viejo, y la peor parte es que eso era lo más productivo que hacía en toda la mañana, tarde y noche: Ver esas manecillas empolvadas y olvidadas girando una y otra vez.
Nuestras vidas eran tan diferentes que no puedo evitar sentir un hueco tan vacío en mi cuerpo, y después de pensarlo un poco más, sentir un abominable fuego quemando mi interior por la envidiable vida que tenías.
Siempre pensando que serías el espécimen perfecto: Conocido y trabajador.
Pero como para todo ser humano, es imposible alcanzar la perfección...
Fue el día después de que terminaron las vacaciones. Ese fue el día que por primera vez presencié lo imposible: Tú, llegando tarde.
Al principio fue una enorme sorpresa, pero como todo en esta vida, a cualquiera le puede pasar por primera vez. Es de humanos cometer errores. Sin embargo, ahí no paraste.
A partir de ese día, te notabas cansado sin arreglarte de la manera tan cuidada que lo hacías antes. Ahora te dirigias de mal modo a los demás, lo que hizo que se alejaran de ti. Ya no hacías deporte como antes. Nadie sabía de ti una vez que salías de clases. Parecías enojado con la vida.
Te encontrabas ahora solo, como un lobo solitario, apartado por los demás debido a tu repentino y repudiable cambio. Después de esas vacaciones, me dí cuenta que ya nunca más volverías a ser el mismo.
Perdiste tu puntualidad. Perdiste tu fuerza. Perdiste tus notas. Perdiste tus amistades y lo que más te dolió fue perder esa supuesta perfección que tanto anhelabas, y todo gracias a la pérdida de alguien especial.
Ya no eras aquel estudiante del que sentía tanta envidia y por lo tanto, no había necesidad de seguir sintiendo esa ira en mi interior. Ahora solo quedaba lástima por ti. Muy irónico, ¿No es así?
Ahora ambos teníamos la misma mirada vacía y nuestra única compañía era nuestra soledad compartida.
Aunque, ¿Para qué engañarnos? Si al final no somos más que la misma persona que perdió sus motivaciones en la vida. Tú siendo el pasado, y yo el presente.