Yo soy una poderosa bruja marina y he estado aguardando pacientemente a que una de las hijas del rey tritón venga por mi ayuda. No soy mala, como se suele decir. No como carne de jóvenes sirenas, como se cree. No soy nada.
Solo soy una anciana cansada de vivir.
Solo espero a que la maldición de las hijas de tritón me coma.
Pero...
–¿Dónde están las condenadas? –pregunté cuando me cansé de esperar.
–Al parecer han pedido ayuda a la nueva bruja –respondió Zoe, mi confiable estrella de mar–. Tiene mercancía muy bonita
–¿Qué?
–La última hija del rey Tritón le pidió ser convertida en humana.
–¿En humana? ¿Acaso están locas? ¡Eso es un tabú! ¡Ambas se van a matar! ¡Debemos detenerlas!
–¿Detenerlas? ¿Acaso piensas salir de este escondrijo?
–¡Sí! ¡Tengo que ir por mi destino!
Entonces, con esa idea en mente, alisté mis cosas y salí de mi cueva.
¡Tenía que buscar a la sirenita!