Mi nombre es Marcelo Aronez, tengo 29 años, soy enfermero de profesión y me encuentro en una situación salida de una novela barata...
Ya que...
–Di que sí, acepta ser el padre de mi futuro hijo –propuso Elizabeth Bennett–. Soy una de las CEOs más importante de la ciudad. Te pagaré y hasta te daré todos los beneficios que quieras. ¡Hasta haremos un contrato si quieres! ¡Di que sí!
–Señorita Bennett, ya le dije... debe descansar si es que desea recuperarse rápido.
–Eres guapo, inteligente, trabajador y humilde... ¡todo lo que quiero!, ¡tus genes son buenos! ¡Dale!Solo necesito un poco de tu ADN. Te pagaré muy bien. Sé que necesitas el dinero. Tu padre sacó un préstamo que no puede pagar.
–No. Pídeselo a otro.
Yo no lo iba a hacer.
La situación era irreal.
¡Irreal! ¡Y cómica!
Así que...
–Suélteme, señorita Bennett –dije con calma cuando ella tomó de mi muñeca–, debo ir a atender a los otros paciente de la clínica.
–Si te vuelves a negar diré que intentaste aprovecharte de mí –ella amenazó.
–Eso dígaselo a la cámara que está en la esquina de su habitación –yo respondí.
–Si no aceptas haré que te despidan.
–No caeré con amenazas.
–¡¿Entonces, que quieres, hombre?!
Nada, era la respuesta.
Tenía deudas, sí.
Tenía novia, no.
Tenía flojera, sí.
Quería un hijo, no.
–Ve a conseguir otro donador, señorita Bennett.
–Tener la "ayuda" de otros tipos no me aseguran nada...
–No –volví a responder.
Y...
–¡Ya pues! –siguió insistiendo–. ¡Soy tu mejor amiga de toda la vida! ¿No puedes hacer una excepción por mí? ¿Y solo por mí? –fastidió–. ¡Tú dijiste que no querías niños! ¡Dijiste que no te gustaría criar uno! ¡Por eso tengo la solución perfecta para ti y para mí! ¡Nunca correrías con los gastos de mantención ni con visitas innecesarias!
–No.
–¡Te daré cualquier cosa!
–No –volví a repetir.
–¿Querías un nuevo muñeco del hombre araña? ¡Lo tienes! ¿Querías un autógrafo de tu caricaturista favorito? ¡Consideralo como tu mejor amigo!
–¿Tan desesperada estás, Eli?
–¡Sí!
–¿Y si mandas un aviso de reclutamiento? ¿O contratas un modelo famoso o un científico de renombre para eso?
–No quiero el hijo de un desconocido. ¡Sino hubiera adoptado! ¡Ya he contratado un vientre subrogado! ¡Ya tengo a la chica perfecta! ¡Solo di que sí!
No, era la respuesta.
No, para cualquiera de sus planes.
No y no.
Por eso...
–Eli, me preocupas y no sé qué más decirte –me rendía con ella–. Solo tratas de parchar tu pérdida y yo no sé si soy el más indicado para apoyarte en esto que planeas. Desde que murieron...
–¡Marcelo! ¡Si dices algo más yo...!!!
Elizabeth Bennett era un manojo de problemas andante. Había malgastado toda su vida en excentricidades. Era despota, egoísta y promiscua. Era un mujer que no le importaba nada. Pasaba y pisaba a quien se ponía de frente. Despreciaba a todo aquel que demostrara ser un "poco" mejor que ella.
Y...
Había perdido a su esposo y a su hijo en un accidente de coche.
–¿Qué tal si se lo consultas a tus padres primero? –dije como última medida contra su improvisado y loco plan–. Si ellos están de acuerdo, yo aceptaré.
Entonces, hizo una mueca indescifrable.
¿Estaba molesta? ¿Estaba de acuerdo.
No podría saberlo.
Solo...
–Considéralo hecho –dijo ella para que una comedia romántica medio loca empezara.
¿Cómo es que terminé cansándome con ella 3 años después?
...