—Es mejor que cada quien siga su camino — dijo, después que tuvimos una discusión bastante acalorada.
—¿Quuuééé? —Respondí asombrada.
— Que te pasa? — No es para tanto, ni que fuese la primera vez que discutimos — dije.
—Es verdad, no es la primera vez, y precisamente por eso, es que ya estoy cansado, no aguanto más tú inseguridad y tú celos desmedidos. — Es mejor separarnos, y cada quien que siga su camino. Me estás enfermando con tu toxicidad.
—Recogeré algunas cosas y me iré. Después vendré por lo demás.
—No trates de detenerme — ¡No hay vuelta atrás! y no pienses que es que hay otra mujer. No, en lo absoluto. De hecho me quedaré solo por un buen tiempo, y trataré de ordenar mi vida.
De verdad que ésta relación ha sido tan tortuosa, que casi me tiene traumado.
—Bueno, Isaac — dije — si eso es lo que quieres, así será.
Pero, debes tomar en cuenta que si te vas, es porque estás bien seguro al tomar esta decisión, porque después ya no habrá vuelta atrás como bien tú dices. — Si te arrepientes, nunca más volverás a ésta casa. Reconsidera bien la situación. No es necesario que te vayas, hemos vivido por más de cinco años, y aunque no estemos casados, y no tengamos hijos, creí que habíamos logrado conectar como una pareja enamorada. Aunque, pensándolo bien, quizás tan solo soy yo la que realmente lo está.
—Pero, si al pensar las cosas crees que realmente nuestra relación no tiene remedio, entonces nos diremos adiós para siempre.
—Tomó su mochila, se dirigió a la puerta, y tan solo le dijo...
— ««Adiós»»