La vida a veces nos tiende unas trampas imposibles de aceptar.
Mario, es un ejecutivo en una transnacional. Es un hombre bien atractivo, muy guapo, y se notaba que es una gran persona. De hecho, siempre está dispuesto para ayudar y colaborar con los aprendices, y el personal recién contratado. Así fue como lo conocí. Yo aún no terminaba la carrera de administración, y comencé en ésta empresa a realizar las pasantías. Recuerdo que el primer dia, me ayudó en todo lo que me habían asignado.
Siempre estábamos juntos, el apartaba tiempo de sus obligaciones laborales para estar "ayudándome" en todo.
Había pasado tres meses, y cada día, me sentía más atraída por Mario. Me daba cuenta que yo tampoco le era indiferente, pero el tenía su hogar, niños y esposa. O sea, tendría que conformarme con ser tan solo una simple compañera más de trabajo, y entender que es un hombre que tiene compromiso, y además ya tiene quien lo quiera.
A veces nos miramos fijamente, quizás expresando tanto sentimiento, pero de inmediato nerviosos volteamos la mirada hacia otro lado.
En lo más profundo de nuestras almas hemos comprendido, que entre nosotros no podrá existir nada, porque sencillamente:
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