¿Oro? ¿Joyas? ¿Diamante? ¿Propiedades? ¿Carros de Lujo? ¿De que6me sirve todo eso si mi único deseo es tener un título universitario?
–¡¿Me vas a comprar también eso?! –grité cuando me secuestró en su bote de lujo.
Yo era una mujer simple, fuerte, luchadora y bla... bla... bla...
–¡Ya! ¡Dime de una vez! ¡¿Por te enamoraste de mí?! –renegué cansada de sus atenciones–. ¿Es una apuesta? ¿Es eso? ¿Es porque te rechacé la primera vez que nos conocimos? ¿Es porque te gusta cazar una presa difícil?
¡Estaba cansada de él! ¿Qué se creía? ¿Acaso solo por tener un poco más dinero que el resto creía que podía hacer lo que quisiera?
–¡No! –grité por enésima vez cuando tomó mi cintura y trató de besarme–. ¿Qué no entiendes? ¡Te odio!
Yo no podía entender a todas esas mujeres que lo seguían e idolatraban. ¿Acaso estaban locas? Solo su cara bonita y divinos pectorales eran lo bueno de él. ¡Nada más!
–Dios, por favor, envía alguien para salvarme, y por favor no hagas que me enamore de este idiota –imploré cuando llegábamos a su isla privada y me regalaba un nuevo collar de... ¿qué es esta vez?
¿Zafiros?
¡Ya estoy harta!