"Yo nací bajo la peor estrella. Tengo muy mala suerte en todo. Nada me sale bien. Soy una completa gafe", o eso es lo que estaba escrito en mi viejo diario.
–¿En serio no recuerdas nada? –me preguntó un joven sentado frente a mi cama de hospital–. ¿Ni sibquiera quien soy yo?
Mi diario era el único recurso que tenía para recuperar mis memorias perdidas. Ahí había escrito las cosas que me pasaban y las cosas que odiaba. Se suponía que ahí estaba todo lo importante. O tal vez, no...
Porque...
–Él es tu novio, hija –avisó mi madre–. Estaban apunto de casarse.
"Ella nunca desaprovecha el tiempo para fastidiarme. Siempre me estreza. Creo que quiere deshacerse de mí", muchas páginas estaban dedicadas a ella.
–Tú planeaba escapar de tu familia. Dejaste de anotar cosas en tu diario diario por eso –me decía mi supuesta mejor amiga–. Nosotras dos nos íbamos a ir juntas...
Todo tipo de personas con todo tipo de historias pasaban a visitarme. Todos querían salvarme de algo o de alguien. Me decían que yo era infeliz y que seguiría siendo infeliz si no escapaba.
Solo mi tío Robert pudo darme una pizca de alivio cuando me dio mi diario, pero también me dio más preocupaciones cuando me advirtió que me cuidara de mis amigos.
–¿Acaso todo el mundo se había declarado la guerra? –dije sin querer cuando mi supuesto novio estaba cortando algunas frutas a mi lado.
–Yo diría que sí –respondió él y luego sonrió.
Su gesto era dulce y sencillo.
Me llenaba el corazón y me hacía suspirar de la emoción... Pero también me llenaba de tristeza y me hacía sospechar.
–Él fue el que te encontró primero –avisó otra supuesta amiga–. Cuando tuviste el accidente, él estaba cerca... ¿no crees que es sospechoso?
"Yo nunca podré amar a nadie. Porque todo sentimiento bueno voló hace tiempo cuando te fuiste al cielo, mi amor", escribí alguna vez.
No sabía lo que había pasado ni mucho menos lo que iba a pasar. Estaba perdida. Todos me decían cosas que no podía entender y jugaban a dar su opinión, mientras fingían estar preocupados.
–Es mejor que sigas con tu plan de huida cuando salgas del hospital –habló mi hermano–. Tú odiabas tu vida y nos odiabas. No eras feliz acá y no creo que llegues a ser feliz. Por ello, te compré un boleto de avión a Paris. Puedes quedarte en la casa de verano en tanto las aguas se calmen. Pero todo depende de ti. ¿Aceptas o no?
"El único en el que puedo confiar es en mi hermano", alguna vez escribí y entonces lo decidí.
Me iría sin avisar. Correría lejos y no lo pensaría dos veces. ¡Lo haría! Lo haría para que ese presentimiento mortal se fuera lejos.
Todo para que esas palabras en mi diario no me atormentaran más...
"No sé. Pero tengo un mal presentimiento. Alguien me está siguiendo. Y siento que me quiere ver muerta".