Éramos tres amigos. Dos chicas y un chico. Todos muy unidos. Inseparables. Casi como hermanos. Así hasta que llegó el momento de crecer.
–Mariela, me gustas, sal conmigo –se me declaró Jacob.
Y yo:
–No –respondí–. Te veo como un hermano.
Sabía que si aceptaba todo se tornaría complicado y que nada sería lo mismo. Además de que Azucena estaba enamorada de él.
–Mariela, me iré la próxima semana a la capital, por favor, dime lo que en verdad sientes.
–Yo no siento más que cariño del bueno por ti -respondí-. Eres mi amigo. Nunca podría verte de otro modo.
–Estás mintiendo -dijo sin saber que estaba en lo correcto.
Yo había hecho un trato con Azucena. Uno en el cual nos sentenciaba a ambas.
–Jacob, no quería decirlo... pero yo ya tengo a alguien más en mi corazón –inventé una excusa–. Así que no puedo aceptar tus sentimientos.
Él se mostró consternado cuando oyó eso y sin saber qué hacer, dio algunas vueltas dentro de su estudio.
–Mariela, si vienes conmigo, te daré todo lo que puedas pedir y más. Te haré la mujer más feliz del mundo. Tengo dinero. Tengo las posibilidades. Me cansaré contigo y...
–No, Jacob.
–Sí, Mariela. Olvida a ese tipo.
–No es tan simple, Jacob, yo lo amo –hablé con la sinceridad en mi boca.
Me gustaba Jacob.
Lo quería.
Pero la amistad estaba primero.
–Olvídalo, Mariela.
–Ya dije que no –repetí mi negativa.
–¡Yo te daré todo! –alzó la voz–. ¡Si quieres puedo decirle a mis padres que retrasen mi partida para casarnos, Mariela!
–No –planté mi respuesta.
No obstante, toda la tranquilidad del ambiente se esfumó.
–¿No? –dijo Jacob y todo cambió.
Aquella tarde no sé que tornillo se le soltó o que cable se cruzó. Solo sé que fui muy tonta al ir sola donde Jacob. Ya que... no tuvo piedad de mí.
Él me forzó a amarlo.
Me forzó y luego me dejó embarazada.
Todo para que me pudiera encadenar a su lado. Todo para que me mantenga bajo su ojo. Y todo para que Azucena me lo quitara después.
Fuiste un egoísta.
¿Acaso no entiendes cuando se dice NO es un NO?
¡Azucena me odio por años!
¡Tus padres me odiaron a muerte!
¡Tu hermana estaba loca de odio!
"¡¿Por qué una mujer pobre y sin clase vive en nuestra casa?!", siempre escuchaba.
–No estudies ni trabajes, yo te mantendré –escuché de ti y por hacerte caso, corté mis alas.
Te odio.
Así que...
Ahora, 5 años después de lo ocurrido, estoy aquí...
escapando con nuestra hija... en una carreta con dirección a quien sabe dónde para que no puedas encontrarme.
Yo quiero una vida nueva.
Lejos de sus celos enfermizos.
Lejos de tu dinero.
Lejos de ti.