-No debí casarme por venganza -dije en tanto miraba el rostro de mi esposo durmiendo-. No debí hacerlo otra vez...
Había regresado en el tiempo después de morir en un trágico accidente. ¡Había regresado para vengarme! ¡Para hacerle pagar todas las que me debía a mi marido!
Pero, no sé qué me ha sucedido... No sé que me pasa. Nunca logro encestar el último golpe. Y no sé lo que quiero en verdad.
Él nunca es responsable de mis desgracias, pero también es culpable de todo a la vez.
-Porque... ¡primero! ¡Por tu culpa murió nuestro primer hijo! -empecé a nombrar todo lo ocurrido-. ¡Segundo! Te dejaste seducir por esa estúpida que se arrastró a tus pies. ¡Tercero! Siempre confiabas que el dinero traería mi felicidad sin importarte mis sentimientos. ¡Cuarto! Nunca me presentaste atención. ¡Quinto! Cuando perdí mi belleza tu dejaste de mirarme. ¡Sexto! Te odio por menospreciarme ¡Séptimo! Te odio ¡Octavo! Te odio.
Y me odiaba a mí misma por abrazar esos sentimientos negativos.
Había planeado enamorarlo con mi yo joven y luego botarlo de la peor manera. Pero...
-¿Qué estoy haciendo con mi vida? -me pregunté al espejo y entonces huí.
Toda esa venganza era estúpida.
¡Debía irme de ese espiral tóxico!
¡Y nunca más volver!