Los fuegos artificiales explotaron en el cielo, brillantes y ardientes en miles de piezas que se extendieron sin fin iluminando la noche. Abajo y con los pies firmemente en el suelo, John sentía que su propio corazón podía estallarle en el pecho en cualquier momento como un fuego artificial desgarrando su tonto órgano en fragmentos irrecuperables.
¿Cuál era la causa?... el ligero e inofensivo roce del brazo de Demian al situarse a su lado mientras observaban la colorida exhibición de luces.
Dubitativo quería darse la vuelta y alejarse hacia el otro lado de la habitación, con una torpe y vaga excusa. Acobardado por sus propios pensamientos quería quedarse también mucho tiempo así. Quería incluso descansar su adolorida cabeza en el hombro del muchacho y olvidarlo todo.
La batalla entre sus deseos era frenética y tenía a su corazón en caos.
Sus pensamientos eran confusos y contradictorios. Aquel era su alumno después de todo, no debería tener esos persistentes sentimientos por el niño.
— ¿En qué está pensando? —masculló Demian al ver que su profesor permanecía absorto en sus propios dilemas Morales mirando al exterior, incluso mucho tiempo después de que el cielo volviera a quedar completamente a oscuras y solo el humo quedaba confuso entre las nubes desgarradas.
Tal vez nunca pasaría por su mente que su joven profesor estaba en un dilema tan crudo y doloroso por su causa.
El hombre sonrió con suavidad y con un rastro oculto de burla hacia sí mismo, pero no respondió. Dejó el sitio a su lado y volvió a su escritorio, sumergiéndose superficialmente entre correcciones. Sin embargo, después de un tiempo murmuró una respuesta:
— ¿Cuántos festivales has visto tras la ventana? —le respondió con una nueva pregunta, lleno de burla y fingido resentimiento, también agregó rápidamente un golpe bajo— ¿Acaso no te da vergüenza?
Su sonrisa se presentó y se disipó de inmediato. Era él quien no tenía vergüenza.
Demian era un chico problemático, eso era cierto. Se saltaba las clases regularmente y tenía notas pésimas. A pesar de todo, era también alguien justo, valiente y con un corazón inconmensurable. Era el único alumno en su clase al que debía darle clases suplementarias hasta tan tarde en la noche, lo que era realmente agotador y doloroso para John, pero no porque fuera difícil enseñarle. Sino porque aquellos momentos a solas con el chico lo sentía como una dulce y cruel tortura.
Le gustaba tanto que se sentía frustrado.
Aturdido.
Desorientado.
Solo mirarlo a escondidas unos minutos de más hacía que se sienta algo despreciable.
— Realmente me gustaría saber en qué está pensando —exclamó el muchacho en un suave susurro.
John no había notado que se aproximó hasta donde estaba y permaneció tan cerca que se sobresaltó profundamente.
Sus pupilas temblaron involuntariamente mientras intentaba ocultar las emociones reveladoras en la superficie de su mirada.
No fue tan rápido. Demian lo vio.
John fue completamente expuesto.
Por un instante, el niño pareció no creerlo realmente, pero bajó la cabeza con determinación para mirar en la profundidad de sus ojos y lo sintió estremecerse.
En ese momento, lo comprendió.
¿Por qué John se tomaría tantas molestias por él? ¿por qué lucharía incluso con el director para que no fuera expulsado y en vez de eso ocuparía horas y tiempo en aquella clases particulares?
Demian lo entendió ahora.
No pudo evitar que su corazón saltara lleno de una emoción indescriptible, inquieta y arrolladora. Se inclinó un poco más. Pudo ver perfectamente el miedo en los ojos de John. Pudo ver la sorpresa por su repentina cercanía y una absurda expectativa que no podía contener por más que lo intentara.
Sus emociones eran inestables y se dió cuenta que iba a regañarlo, pero en el momento que sus labios se despegaron para soltarle una reprimenda un travieso beso se presionó sobre su boca.
Un beso suave y gentil.
Un beso inesperado.
Un beso moralmente inapropiado.
Un beso prohibido.