II parte
Habían llegado informes sobre haber visto Strigoi cerca de la ciudad, mande hombres a vigilar el área sin ser vistos, temía por la seguridad de ella. Quería protegerla, la necesitaba a mi lado, decidido a aceptar el amor que me daba me hice un plan para traerla a mi reino al día siguiente, así estaría a salvo.
Izuke estaba de acuerdo, la seguridad de ella era lo más importante para nosotros.
Pero el día siguiente no llego, esa misma noche mi peor pesadilla se realizó, los strigoi atacaron la ciudad, mis hombres me informaron y salí rápidamente hacia ella, encontrándome en el camino con Izuke.
Llegamos y la ciudad está sumida en un caos y destrucción, los cazadores estaban combatiendo mientras trataban de evacuar a las personas, algunos estaban muertos.
Corrimos hasta su casa y esta se encontraba destruida, mi corazón dio un vuelco, me estaba desesperando.
Veo a la nana y me acerco a ella.
-Donde está selene.- pregunto angustiado.
-N-No lo sé, ella iba a salir a verlos y… dios todo esto pasó tan rápido.- llora desconsoladamente.
Izuke trata de calmarme pero no puedo. No puedo percibir su aroma, no puedo encontrarla. Sigo recorriendo la ciudad y me topó como varios cazadores.
Estos comienzan a luchar conmigo y me defiendo, una bala atraviesa mi pecho, me comienzo a sentir débil.
La bala contenía “Verbena” un veneno letal para un vampiro ordinario, funciona como sedante para los de sangre pura como yo.
Me deshago de ellos y sigo buscando a mi amada. Trato de concentrarme nuevamente y percibo su aroma a lo lejos, lo sigo y la encuentro a punto de ser atacada por un strigoi.
Traspaso mi mano en su pecho y le saco el corazón al vampiro.
-Cariño, mírame, ¿estás bien? ¿Estás herida?.- las palabras salen atropelladas.
Selene solo asiente, la tomo de la mano y nos encaminamos al bosque, en el camino envió una señal a Izuke y sigo avanzando.
El veneno comienza hacer efecto y trato de mantenerme en alerta, de la nada aparecen varios strigoi, y nos atacan.
Le ordeno a Selena que corra lejos, pero está se niega a dejarme, lucho contra ellos, sintiendo el cuerpo cada vez más pesado, un lobo blanco aparece y se de quien se trata.
<> lo miro.
Ambos nos unimos y seguimos luchando, cuando el veneno está en su punto más alto estoy por desplomarme en el suelo, Izuke se convierte nuevamente en humano y me da el antídoto.
Selene se nos une y me mira angustiada, puedo ver el miedo atravesando por sus hermosos ojos y algo dentro de mi duele.
Estando apunto de seguir nuestro camino una presencia nos pone en alerta.
Los cazadores salen de las sombra dispuesto a matarnos. Selene se sitúa frente a nosotros como escudo.
-No les hagas daño padre, por favor.- Ruega la muchacha.
Un hombre de ojos grises sale de la oscuridad, su mirada fría se posa en nosotros.
-¿Estas consiente de a quien proteges selene?.- dice el señor.
-Sí, uno es mi amigo, y el otro es el hombre que amo, así que por favor déjanos marcharnos.
Izuke me hace seña para estar preparado, es enfrentar o correr, ella solo está ganando tiempo.
-¿Amistad? ¿Amor?, acaso te han lavado el cerebro, por culpa de su especie tu madre está muerta.- escupe la palabras con rencor.
-Ellos no tienen la culpa, padre, no los juzgues por pecados que no cometieron.
-Entonces ya decidiste, si es así como piensas, desde ahora serás enemiga de la humanidad, se te juzgará como a ellos.-Refuta el hombre.
Mis hombres se nos unen y otra batalla se desata, el bosque se convierte en un cementerio en cuestión de segundos. Selene lucha a nuestro lado, los soldados de Izuke no tardan en llegar. Llevamos ventaja y la victoria se hace presente.
Un solo descuido bastó para perderla.
-IZUKEEEEEEE
Solo pude oír su grito desesperado y el sonido de un arma disparándose. Todo pasa en cámara lenta.
Selene situándose frente a Izuke, dispuesta a recibir la bala de plata en su lugar, su cuerpo cae al suelo, observo su pecho mancharse de rojo.
Izuke cae de rodillas y la sostiene en sus brazos llorando. Algo dentro de mi se rompe, mi mirada se cruza con el asesino de ella.
Su padre, quien sostiene el arma, no hay rastro de remordimiento o dolor por su rostro, es una máscara de hielo completamente.
La ira se apodera de mi y estoy por matarlo cuando escucho su voz débil.
-T-Tu n-no e-eres c-como e-e-ellos.- Dice a mi espalda.
Me giro y mi corazón de rompe en mil pedazos, izuke hace presión en la herida.
-Vas a estar bien, sí, te llevaré al castillo, te curaremos, te convertirás en mi reina y…y..- las lagrimas corren por mi mejilla.
-Les dije que los protegería ¿no?, ustedes son lo más valioso para mi.- dice con dificultad.
Me arrodillo y la tomo en mis brazos, corro lo más rápido al castillo dejando atrás a izuke. Su mano acaricia mi mejilla y seca mis lágrimas.
-¿Sabes? Nunca supe tu nombre.- Dice sonriendo.
-Mikhail.- respondo suavemente.
-Es un nombre hermoso.- tose un poco de sangre.
-Llegaremos pronto, resiste ¿sí? Al menos hasta que lleguemos, la druida curará tu herida.- muerdo mi labio para no llorar.
Veo a lo lejos el castillo y sonrió para mis adentros.<> pienso. Su mano agarra mi cara y me obliga a mirarla.
-¿Ya llegamos?.- su voz sale en un hilo.
-Aun no, pero ya estamos cerca, resiste un poco más.
-Mikhail… tengo sueño.- dice en un susurro.
Niego varias veces.
-No cariño, no te duermas sí, espera un poco más, además aún no has visto el regalo que preparé para ti.- mi voz se quiebra.
Sus párpados comienzan a cerrarse y entro en pánico. La druida ya viene en camino, tiene que resistir hasta entonces.
-¿Puedo verlo?.
Detengo mis pasos, miro el castillo y aún estamos lejos, mi corazón se contrae.
-Sí, claro que puedes verlo.
Me desvió hacia el invernadero, esta construido en el lugar donde solía jugar y recoger las flores cuando estaba pequeña.
Llegamos al sitió y la miro.
-Llegamos selene, este es tu regalo.
Abre un poco los ojos y mira a su alrededor, esboza una sonrisa débil.
-Es hermoso.- murmura.- ¿Drácula, llegamos al castillo?.-pregunta desorientada.
Trato de sonreír pero me sale más una mueca.
-Sí cariño, ya llegamos.- respondo tiernamente.
-¿Lo hice bien?.
-Lo hiciste de maravilla.
-Mikhail, puedes decir mi nombre una última vez…
-Lo diré todas las veces que quieras, Selene…
-Y-Yo… y-yo t-te.. te amo Mikhail.-su voz se fue apagando poco a poco al igual que el brillo de sus ojos.
Su mano deja de acariciar mi mejilla y cae a un costado, dejando un frío por esta.
Ya no puedo sentir su pulso… no pude protegerla, no pude hacer nada.
Mi alma se rompe y lloro abiertamente, abrazo su cuerpo y me aferro a él, así como ella se aferró a mi cuando la encontré ese día en el bosque.
-Yo también te amo selene.- mi voz se quiebra.
Escucho pasos acercándose a toda prisa, pero ya no me importa nada, ella ya no está.
-Selene…- la voz ahogada se Izuke se hace presente, lo miro destrozado, este se acerca a mi y acaricia su cabello.- por favor pequeña abre los ojos, te prometo que si los abres iremos a mi reino y te dejaré centrarte en el trono, compraré todos tus dulces favoritos, ahorcarse a Mikhail cada vez que te haga enojar, pero por favor no nos dejes.
El llanto de Izuke resonaba por todo el lugar, la lluvia no tardó en llegar, dicen que el amor es el peor arma, no entendía como algo que profesaban de ser maravilloso, podía convertirse en algo maligno…
Ahora entiendo el porqué…
Nuestra pequeña luz se ha apagado, injustamente me la arrebataron. Esa noche lloramos por la pérdida de nuestra pequeña humana, una humana que fue ganado nuestro cariño, se metió en nuestra vida y se fue del mismo modo en que llegó, dejando un abismo.
Después del amargo sabor de su partida, nos encontramos todas las noches en el invernadero, ninguno dice nada, solo observamos las orquídeas florecer y marchitarse una y otra vez.
-A veces puedo oír su voz, llamándonos y su risa…- Izuke es el primero en romper el silencio.
Se me hace un nudo en la garganta, contengo las lágrimas, Todavía recuerdo su mirada cálida, sus manos acariciando mi rostro. Miro la Corona de orquídeas que hizo para mi, le pedí a la hechicera que usara su magia para preservarlas. Un recuerdo fugaz a aparece en mi memoria.
-<>.
Me acercó a ellas y la acarició con el pulgar de mi dedo, sorbo por la nariz y salimos del lugar.
Su cuerpo fue puesto en un ataúd de cristal hecho con magia, para preservarlo, al igual que la corona de orquídeas.
Muy pocas veces vamos ya que se nos hace doloroso a ambos, miramos al cielo por un momento y vemos una estrella fugaz.
-Si ella estuviera aquí, nos obligaría a pedir un deseo… ¿crees que sí lo pedimos, los dioses nos escuchen?.- pregunta sin despegar su mirada de arriba.
-No lo sé izu, no lo sé.
-Hay que intentarlo…
Hemos intentado cualquier método desde su muerte para traerla de regreso, pero ninguno a funcionado hasta ahora.
Lo miro por un momento esperando que fuese una broma, su rostro contraído por el dolor, me hace cerrar los ojos y pedir el deseo.
<>..
No se por cuanto tiempo estuvimos así, la brisa acaricio nuestras mejillas y abrimos los ojos, sonreímos como unos idiotas, dejamos de reírnos cuando un aroma familiar se extiende en el aire, su voz melodiosa resuena, ambos contenemos el aliento y nos giramos esperando que sea un sueño.
Ahí está de pie frente a nosotros con una sonrisa cálida.
-Izuke, Mikhail ¿Qué hacen allí?.