Ayudé a mis amigos en muchas ocasiones, incluso hasta el punto de olvidarme de mi. Lo hacía de una manera desinteresada y además porque quería y podía hacerlo.
Todo aquel que en nombre de la amistad acudía a mí por el problema que fuese, le encontraba una solución.
Lamentablemente perdí mi negocio, y como consecuencia me quedaron muchas deudas.
En menos de un año se sumaron otros problemas, como la separación de mi esposa y por consiguiente quedé sin un techo donde vivir.
Traté de buscar apoyo con alguno de mis "amigos" y es justamente cuando me doy cuenta que nadie apoya, ni le colabora y menos ayuda al que se le volteó la vida.
Bueno, mi realidad es que me encontraba solo, sin esposa, hijos ni amistades y ni siquiera algo que pudiera vender y así obtener un dinero que me ayudara a levantarme de nuevo.
Una noche que no tenía donde dormir, fui a la iglesia, allí le conté al cura mi situación, le dije que le ayudaba a limpiar o hacer cualquier oficio con tal de tener por lo menos donde dormir.
Aceptó, y allí estuve realizando todo tipo de cosas que la iglesia requería, que si reparar una tubería de agua, así como unos trabajos sencillos de albañilería, pintar lo que necesitaba pintura, y así, haciendo de todo un poquito.
Un día, llegó de visita a la iglesia un primo del cura proveniente de la ciudad, estuvo conversando mucho rato, en eso quiso saber quién era yo, y entonces, el cura le contó que yo era el que mantenía la iglesia en perfectas condiciones.
Observó alrededor y asintiendo con la cabeza en señal de aprobación, me dijo que todo se veía muy bien, quiere decir que sabía hacer bien el trabajo.
Entonces me propuso irme con el a la ciudad, para emplearme como su chofer.
Bueno, acepté la propuesta de éste señor que no me conocía, y que sin embargo me estaba dando la oportunidad de un trabajo, casa comida, y además un sueldo.
Así fue pasando el tiempo, pude ahorrar y volver abrir un tallercito de reparación de autos, que esa era realmente mi especialidad y mi negocio anterior.
Mi ex patrón me recomendaba con sus conocidos, y poco a poco fui surgiendo nuevamente.
He agradecido tanto a Dios, al cura de la iglesia, y a su primo que sin siquiera conocerme me llevó a su casa, dándome mejores condiciones. Y lo más importante, me hizo reconciliarme con la humanidad, me hizo darme cuenta que no todas las personas son iguales.
Hoy en día, tengo un taller mucho mas grande con una plantilla de empleados competentes, y exclusivo solamente para atender los autos que envía las aseguradoras con las que mantengo convenio.
En pocas palabras, de nuevo soy un hombre próspero, y aunque haya vuelto a creer en la humanidad, aún así soy cauteloso, aprendí la lección que la vida me dió, y como dice la canción:
<< Cuando uno está en condición tiene amigos a montón>>