A la edad de 17 años todos los jóvenes ya habían dado al menos un beso, y bastantes de ellos ya habían llegado a tener relaciones sexuales. Sin embargo yo no, no me sentía mal por no haber intercambiado un beso con nadie, simplemente no me importaba.
A pesar de ello tenía la duda de cómo se sentiría, pero no podía probar con nadie de mi alrededor, algunos ya tenían parejas y a otros básicamente no les interesaba. Nadie tenía fijado sus ojos en mí, ni chicos, ni chicas, puede que fuera porque era muy tímida, y nunca nunca hablaba con nadie. Y si por algún casual había alguien, no se había manifestado.
Pero todo cambio, mi primer beso fue especial, ya que ocurrió con una chica llamada Yanet, bueno, supongo que se seguirá llamando igual. A ella le gustaban tanto hombres como mujeres, al igual que a mí, puede ser que por eso me besara. Ocurrió en clases, estábamos en la clase de Educación física, nos encontrábamos en los baños de chicas a solas. Yo me estaba arreglando frente al espejo, y cuando terminé ella me cortó el paso hacia la salida. Y fue en ese momento.
Fue muy especial, sobre todo porque fue el primero, pero también por la clandestinidad que se sintió, sus labios eran suaves y se podía percibir el olor a mandarinas que desprendía. Nunca podré olvidar el sentimiento tan inocente y dulce que se sentía en el momento, a pesar de que el beso duro un instante.
Ojalá algún día pueda dejar de lado la vergüenza y hablarle, puede que con la ilusión de que surgiera algo de nuevo.