Ella toma su mano con amor y él, él con su tiempo dilatado,
intenta ordenar las ideas, mientras piensa sin decir nada.
*Su rostro… no lo conozco… me parece familiar, pero no sé quién es… Sus ojos...sus ojos…*
Y con un poco de vergüenza le dice:
— Tus ojos se parecen mucho a los de mi novia, la misma mirada sabes…
¡Ya la vas a conocer y me vas a dar la razón!
En cualquier momento va entrar por esa puerta…
Tiene que venir a buscar su sable…
Hoy tiene clases…
Y sin soltarle la mano y con una sonrisa, ella le devuelve gentileza.
Él está muy animado y continua…
— ¿Sabes cómo la conocí?
Ella estudia danza en la casona de la esquina…
Que está frente a la farmacia de Don Ruiz…
Fui a buscar algo, no sé qué… y, mientras esperaba para cruzar la calle, la vi por la ventana… Bailaba con ese sable en su cabeza, con un balance que hipnotiza.
Pasaron varias semanas, hasta que tuve el valor de hablarle y, cuando lo hice, lo único que pude decir fue
— ¡Eres lo más hermoso que vi en mi vida!...
El silencio se apodera del lugar, el temor se hace presente.
Mientras él se sumerge en la penumbra divagante de su mente, una vez más,
Después de lo que parece una eterna pausa…
Las palabras se resbalan…
—Estoy cansado y tengo frio…
Espero a alguien…
No quiero estar solo…
Todo es tan confuso…
No te conozco, pero quédate un ratito más…
Sabes que tengo una novia…
Ella baila muy bien y estudia danza árabe…
Ese es su sable…
Ya está por venir…
¿Sabes cómo la conocí?...