Sabía que era una mala idea, pero aún así acepté estar aquí...
Una amiga me insistió por semanas para convencerme de acompañarla a festejar el día de su cumpleaños en uno de sus antros favoritos.
Tardé en elegir un atuendo, pero al fin me decidí por unos jeans negros, una blusa roja de espalda descubierta, una chamarra de piel negra y un par de tacones de aguja de veinte centímetros. Soy de estatura baja, por lo que usarlos me hace resaltar de alguna forma y le aseguré que no sería lo típico que uso.
Me maquillo un poco y cepillo mi cabello dejándolo suelto.
Unos accesorios complementan el atuendo y tomo mi bolsa. Justo a última hora pienso en arrepentirme de llamarle, pero recibo su llamada casi al instante.
-¿Ya estás lista? Llegaré por tí en cinco minutos- dice en en tono acelerado, pero la interrumpo:
-¡No, no! Yo voy en mi auto, solo mándame la ubicación-
-Claro que no, ya estoy frente a tu casa. Prometo traerte de regreso- insiste mientras escucho sonidos melosos. Creo que ya viene junto con su novio y ser un mal tercio me incomoda mucho.
-Oye, sal ya. Su amigo también viene con nosotros-.
No puedo creerlo, me escogió acompañante. Laila tiene gustos muy distintos a lo míos y estoy segura que no se detuvo a pensar tantito en lo que yo pienso. En fin, ya que.
Tomo mis llaves, una botella de agua y salgo de mi casa forzando una sonrisa.
Le dijo a su mamá que yo iría con ella para convencerla de salir y que con "la responsabilidad de traerme a su lado garantizaba llegar temprano". Solo espero que no se desvíe y vayamos al lugar que acordamos.
Al subir al auto, detrás del asiento del conductor (dónde va ella) los saludo de una forma un poco cortante. El amigo de su novio se acerca con intención de besar mi mejilla, pero solo respondo con un apretón de manos.
-Mucho gusto- digo entre dientes tratando de ocultar mi inseguridad.
-Vaya Laila, me dijiste que era tímida pero no esperé que tanto- comenta burlonamente jalándome hacía él sin soltarme.
-No la hagas enojar o arruinarás la noche- le contesta ella sin dejar de ver al frente. Su novio va de copiloto poniendo música al azar sin dejar correr una canción completa.
No tardamos en llegar al antro y bajamos del auto en el estacionamiento, siguiendo el rito de Laila, pues no quiere que cancelen la reservación por llegar diez minutos tarde.
Nos abrimos paso entre la multitud hasta llegar a la puerta para mostrar el pase y nos dejan entrar sin problema.
Ya adentro un mesero nos muestra el camino hasta la segunda planta, cerca de la zona VIP. Un tanto muy apartada de la pista de baile, con poca luz pero vista panorámica del lugar. Me quito la chamarra y siento al instante la mirada de ese chico recorrer mi espalda.
-¿Qué les ofrezco?- dice el mesero atento.
-Yo quiero un whisky y para mí chica una margarita- responde el novio de Laila mientras no dejan de besarse.
-A mi me traes una sangría- contesta el otro mirándome con una sonrisa estúpida.
-Yo quiero una piña colada sin alcohol, por favor- respondo.
-¿Pago en efectivo o tarjeta?- pregunta nuevamente.
-Tarjeta- responde el chico sin dejar de mirarme.
Ya siento el reclamo de cobrarme la bebida después. Por si acaso siempre llevo dinero.
-Bien, traeré la terminal junto con sus pedidos, con permiso- dice el mesero dirigiéndose a la barra.
-¿Te gustaría bailar?- me dice al oído mientras empieza a moverse en su lugar al ritmo del tema que está sonando.
Siento que estoy muy a la defensiva y tal vez estoy prejuzgando, por lo que decido darle una oportunidad.
-Esta bien, vamos- respondo mientras se pone de pie y me ayuda para que lo siga.
Laila prácticamente está encima de su chico y la verdad solo para eso venía. No suelen dejarla salir y menos con él, ya que a su familia no le agrada, pero no ha hecho nada que lastime a Laila, por lo que ya es costumbre verlos tan empalagosos en todos lados, aunque me da más pena a mi verlos.
Trato de relajarme un poco. Han sido largos días de trabajo y tal vez deba aprovechar esta oportunidad.
La música electrónica retumba en el lugar mientras que las luces de colores bañan a los presentes.
-¿Cómo te llamas?- me pregunta el chico al oído para que pueda escucharlo.
-Andrina ¿y tú?- respondo de la misma forma, ya que la música impide una manera distinta de hacerlo.
-Soy Leonardo, pero me puedes decir Leo-.
Con un movimiento sutil pero notable, Leonardo se acerca más a mí, aunque trato de mantenerlo alejado apoyando mi mano en su hombro.
Frustro su segundo intento al ver al mesero llevar las bebidas a nuestra mesa y se lo señalo para salir de su alcance. Será una noche muy larga si me la pasaré evitándolo.
Al abrime paso en la pista, alguien toma mi mano izquierda poniéndo un papel en ella. Me giro para mirar, pero no hay nadie. Un cabello platinado resalta de entre el frenético gential, pero solo eso.
Sin que Leonardo se dé cuenta escondo el papel en mi chamarra. Imagino será un número de teléfono al que por lógica no llamaré, pero no quiero tirarlo así nada más. Para eso está el cesto de basura cerca de nosotros.
Tomamos asiento nuevamente y bebo de mi copa lentamente, mientras veo a Laila y su pareja ponerse de pie para bailar cerca de la mesa.
Creo que ya venían tomando desde hace rato y a penas lo voy notando.
Al terminar mi bebida siento como su mano se desliza por mi cintura y me dice al oído:
-Iré por otro trago, ¿quieres uno más?-.
Trato de alejarme un poco para ponerme de pie mientras comento:
-Sí, te acompaño-
-No, no te preocupes. Yo te lo traigo- insiste tomándome por los hombros y obligandome a sentarme de nuevo.
Eso no me está gustando.
Veo a mi alrededor para distraerme un poco y me llama la atención alguien de la zona VIP. Tiene el cabello gris/plateado y está apoyado sobre el barandal con ambos brazos viendo directamente hacía a nosotros. Se le dibuja una sonrisa en cuanto cruzamos miradas. Recuerdo el papel que guardé y lo reviso. No es un número, es una advertencia:
"No tomes nada".
Vuelvo la mirada hacia él otra vez y me señala con el mentón en dirección de la barra.
No tarda en regresar ese tipo y pone frente a mí un coctel distinto en color verde.
Un extraño burbujeo en el fondo del vaso llama mi atención.
Al ver que el suyo es idéntico aprovecho una distracción y cambio mi vaso por el suyo.
Cuando se dirige a mí me ofrece el vaso diciendo:
-Te traje uno distinto. No está mal probar algo nuevo de vez en cuando, ¿no crees?-.
Con una sonrisa respondo:
-¿Podrías probar mi vaso? Es que no confío en el mesero-.
Lo último se lo digo aún más cerca.
Hace una extraña mueca pero trata de ocultarlo diciendo:
-Supuse que no confiarías en él, por eso me aseguré de ir personalmente. Confía en mí, no tiene nada-.
Con una falsa sonrisa me arriesgo a tomar el vaso, un poco más confiada al haber hecho aquella maniobra.
Al ver que acepto agarra el otro vaso y, sin dejar de mirarme, se toma el líquido de un solo sorbo.
Me dedica una sonrisa más y juega con un mechón de mi cabello enrredándolo en sus dedos.
Algo incómoda me alejo un poco.
Pasan algunos minutos más.
Laila y su novio siguen bailando a media pista.
Al ver a Leonardo noto que está sudando como si hubiera corrido un maratón.
Trata de abanicarse con la hoja del menú y decido alejarme.
En verdad puso algo en esa bebida y ahora está recibiendo su merecido.
Por lógica Laila no iba a estar al pendiente de mí y yo no soy una niña como para no haber previsto esto.
Sabía que era una mala idea, pero aún así acepté estar aquí...
Tomo mi bolso y me pongo de pie para marcharme, pero Leonardo me alcanza de la muñeca y me obliga a volver.
-¡¿A dónde vas?! ¡Me prometieron una buena compañía para hoy!- exije con una expresión lasciva sin poder levantarse, pero tampoco sin soltarme.
-¡Basta! ¡Yo no te prometí nada!- grito forcejeando.
Cuando se abalanza sobre mí alguien se interpone obligándolo a liberarme. Por la fuerza con que me mantenía lejos de Leonardo pierdo el equilibrio, pero siento un brazo rodear mi cintura.
Es el chico de cabello gris.
-Eres lista- me dice al oído.
Por alguna razón la cercanía con el no me parece tan incómoda.
Hace una señal y dos de los guardias del lugar se acercan a Leonardo llevándolo a rastras.
-Saquenlo de aquí y no quiero verlo de nuevo-.
Me ayuda a recuperar mi posición y toma mi chamarra del suelo para ponerla sobre mis hombros.
-Creo que te han dejado sola. Permíteme acompañarte- dice mostrándome la salida.
Asiento en silencio y acepto su guía.
Es un chico muy alto a comparación mía y muy fuerte. Lleva una gabardina negra que esconde su figura, pero cuando me sostuvo me dí cuenta de ello.
-¿En dónde está su auto?- pregunta cuando logramos salir al estacionamiento.
-No yo... Había llegado con una amiga pero creo que su carro ya no esta- respondo al darme cuenta del espacio vacío.
-Entonces la llevaré a su casa- propone con los brazos detrás de su espalda.
-No, no yo... Pediré un taxi. Gracias por su ayuda pero no es necesario que se moleste más- me apresuro a decir mientras busco mi celular.
Sin esperarlo siento su mano sobre mí hombro e insiste:
-No es ninguna molestia. Permíteme hacerlo. Me aseguraré de que llegues sana y salva-.
Me ayudó pero no debo confiar demasiado tampoco.
-¿Vuelves a rechazarme?- pregunta sin inmutarse.
-Por favor, ya no insista. Ni siquiera quería estar aquí. Sólo déjeme volver por mi cuenta y no le causaré más problemas- le ruego más tensa.
-Sabía que no podías estar aquí por cuenta propia. Justo como aquella ocasión- dice parándose frente a mí.
Sus palabras me confunden y levanto la mirada con el ceño fruncido.
-¿Sigues sin recordarme, pequeña detective?- pregunta peinando mi cabello detrás de mi oído.
-Tu...-
-¿Sorprendida? No esperaba verte aquí, pero no iba permitir que se aprovecharan de tí- me confiesa acariciando mi mejilla.
Me alejo apenada.
-Señor, le agradezco su ayuda pero le pedí que no se acercara a mi de nuevo-
-Y te recuerdo que yo no prometí nada- me interrumpe acortando la distancia.
-Acéptalo, también deseabas volver a verme- me pide volviendo a acariciar mi cabello.
-Yo...- justo cuando estoy a punto de hablar un disparo interrumpe a la altura de su cabeza.
Era de esperarse.
Naden es uno de los jefes más jóvenes dentro de una organización que buscaba mi unidad.
Más de la mitad murieron en esa redada que se organizó con tal de atraparlo, pero en ese momento no sabíamos que el jefe era él. Tontamente pensé que era un rehén y lo ayudé a escapar provocando la muerte de mis compañeros faltantes meses después, cuando buscó venganza y yo fuí la única que dejó libre por sentirse en deuda conmigo, lo cual me hizo sentir como una traidora y renuncié a mi cargo.
Desde entonces dice que llamé su atención y no quiere dejarme en paz hasta que me fije en él.
Es un idiota.
Me abraza con fuerza obligándome a agacharme a su lado y desenfunda su arma.
-¡Redo! ¡La retirada ahora!- le grita a uno de sus hombres.
Las balas cesan un instante y se quita la gabardina para cubrirme con ella.
-Te sacaré de aquí. Estate lista para cuando te diga que corras- me explica señalando su camioneta.
Me quito los zapatos para llevarlos en la mano, no podré correr con ellos.
-¡Ahora!- me ordena llevándome a su lado de la cintura mientras cubre nuestro paso con su arma.
Subimos a la camioneta por la puerta del conductor y me escondo en el asiento del copiloto.
Naden arranca hasta que las detonaciones quedan tan distantes que el sonido se pierde.
Después de varias horas se detiene en una gran plaza.
Mi corazón sigue tan acelerado que no puedo calmarme y se notan mis temblores.
Siento sus brazos rodeándome.
-Siento que tengas que pasar por esto, pero una vez dentro jamás puedes salir. Aún cuando finjas ser un civil cualquiera. Pero te repito, jamás dejaré que te lastimen-.
La calma poco a poco regresa a mi cuerpo haciéndo que me rinda al cansancio.
-Duerme. Velaré tu sueño- le escucho susurrar.
Al despertar me encuentro en mi habitación, sobre mi cama.
Tengo puesta la misma ropa con la que salí comprobando que lo que recuerdo si pasó.
Encuentro una rosa roja sobre la otra la almohada y una nota debajo.
"Nos veremos pronto. Cenaremos juntos la próxima vez. Cuídate."
Con un resoplido salgo de la cama y pongo la flor en un jarrón, al lado de otras rosas secas.
Por alguna razón no soy capaz de tirarlas y las guardo aún cuando ya están muertas.
(Relato ficticio).