Las ventanas selladas; el aire pesado y asfixiante; el silencio que se hace eco en mis oídos; la incertidumbre de no saber si es de día o es de noche; el cabello descuidado, mis músculos entumecidos, y ésta horrible oscuridad que se hace eterna...
Sumida en mí propia desesperación comienzo a hacerme los mismos cuestionamientos una y otra vez..
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que estoy aquí?
¿Cómo terminé envuelta en esta situación?
¿Alguien aún se pregunta por mí?
¿Todavía están buscádome o ya se dieron por vencidos?
Tantas preguntas y ninguna respuesta...
De pronto oigo sus pasos acercándose mientras resuenan sobre el piso de madera. Sus fuertes pisadas hacen crujir los escalones bajo sus pies haciendo que mi respiración se detenga por un momento.
El sonido de la llave girando dentro de la cerradura oxidada me hizo poner en alerta, mientras mi instinto de supervivencia me impulsó a abrazarme a mis piernas en un intento por proteger mi delgado cuerpo, casi desnudo.
El estredinte chirrido que produjo la puerta al abrirse hizo doler mis oídos haciendo que instintivamente llevara mis manos hacia ellos tratando de aminorar esa horrible sensación; y entonces, la escasa luz que entró desde afuera me encandiló ferozmente logrando que cerrara los ojos.
— Ésta noche tengo trabajo que hacer. Te portarás bien y no harás ningún tipo de sonido.— Su tono de voz grave y determinante resonó dentro de mis oídos erizando mi piel al instante—.¿Lo has entendido?
Debido a la oscuridad que había dentro de aquel húmedo y poco ventilado cuarto apenas podía distinguir las líneas de su rostro.
— Sí.— Pronuncié con un débil susurro.
— Ponte los audífonos y no intentes nada hasta que termine, luego subiré a verte.
— Sí.— Volví a replicar.
Él estaba a punto de cerrar la puerta y a volver a dejarme inmersa en aquella profunda oscuridad que tanto me aterra; entonces, en un último acto de desesperación dejé que mis impulsos hablaran por mí misma.
— Espera...— Musité con un hilo de voz consiguiendo que él se detuviera—. ¿Hoy puedo escribir un poco? Hace varios días que no lo hago.— la tenue luz que entraba del corredor iluminaba parcialmente mi rostro, ensombreciendo el suyo.
Se quedó unos segundos mirándome en silencio mientras oía el sonido de mi propio corazón retumbar dentro de mis oídos al igual que un tambor...
Quizás me había excedido al pedirle una cosa así, pero me arriesgué a hacerlo porque quería tener algo en que poder entretenerme mientras él hace "su trabajo", como así le llama a sus obscuras actividades.
Segundos después, soltó un suspiro pesado que hizo erizar mi piel y me llevó a imaginarme el peor resultado.
— Está bien. Te traeré el computador portátil.— Sin decir nada más, cerró la puerta mientras yo aún no salía de mi asombro.
Realmente había accedido a mi pedido sin molestarse; sin poner excusas, y sin intentar castigarme por mi atrevimiento. Hasta debo admitir que había algo particularmente diferente en él esta noche; y eso quizás se deba a que tiene una nueva víctima en quien descargar su ira; aún así, será mejor que no lo haga enojar demasiado.
Pasado unos minutos, regresó con el computador que le había pedido.
—¿Que vas a escribir hoy?— Puso aquel aparato sobre el viejo colchón en el que suelo dormir a diario, y en el cuál, tengo las peores pesadillas.
— Un nuevo capitulo.— Respondí sin apartar mi mirada de su esbelta figura.
Caminó hacia el rincón en el que me encontraba acurrucada y luego de agacharse frente a mí, rodeó mi cuello con sus fuertes y asperas manos, dejando un beso sobre mi frente que consiguió estremecer mi cuerpo entero.
— Diviértete... Cuando regrese, quiero leer lo que escribiste.— Solo atiné a asentir en silencio ya que aún estaba sorprendida debido a su repentino cambio de actitud.
Esperé hasta que él dejó la habitación; luego me puse los audífonos y reproduje la lista de canciones que contiene aquel antiguo reproductor portátil; por último abrí el computador y empecé a redactar un nuevo capitulo de ésta historia que comencé a escribir, desde que estoy cautiva...