Siempre pensé que el día que mi madre se fuese de éste mundo, me volvería loca.
Lamentablemente ese día llegó. Ella estaba enferma desde hace unos días, ya que desde muy joven padecía una enfermedad crónica, pero con su tratamiento había logrado mantenerla controlada. Aún asi, con el paso de los años, su sistema inmune se fue debilitando dando paso a otras patologías severas. Y aun, siendo joven, comenzó a complicarse con problemas respiratorios que comprometían seriamente su salud, apagando su vida poco a poco.
El mismo día en que cambió de paisaje, tuvo su control médico. El doctor no estaba muy optimista con los resultados, ya que su corazón estaba recrecido, síntoma innegable de que su enfermedad estaba en la fase semifinal. Sin embargo, el semblante de mi mamá, no era el de una persona que le quedan horas de vida __ ¡No, para nada!.. Si se le veía quebrantada, pero no moribunda. Realmente su último día transcurrió relativamente normal.
En la noche, al acostarse, comenzó su suplicio. Debido a que el corazón y los pulmones participan en el transporte de oxígeno hacía los tejidos y en la eliminación de dióxido de carbono, los problemas de cualquiera de éstos dos órganos afectan la respiración, y eso era lo que le estaba robando su vida. La falta de una óptima respiración
Llorando, tomé sus manos tratando de tranquilizarla un poco. Ella sabía que su vida se estaba apagando y entre jadeos, pidió ser llevada al centro asistencial, algo que realmente a ella no le gustaba mucho hacer. Llorando comprendí que mi madre se nos iba... Traté de rezar, pero estaba bloqueada y las palabras se quedaron atrapadas no se dónde.
Cuando la llevábamos en la ambulancia, yo sabía que no había revés, aunque obviamente mantenía una muy débil esperanza.
Inmediatamente al llegar al hospital, el médico le tomó el pulso, y me dio la peor noticia:
_<>
_ Esas cuatro palabras se quedaron grabadas en mi mente por siempre.
Sin embargo, como dije al principio, siempre pensé que me volvería loca el día que mi madre muriera, pero no fue así, en ese preciso momento en que el médico me dio esa triste noticia, me persigné y dije.
<>
Con estas palabras, me arrodillé, besé su rostro humedecido, no sé si por el sudor, o por sus lágrimas, me inclino a pensar esto último.
Allí, en una sala donde la tenían, antes de ser llevada a la morgue, me despedí, pero sin derramar una sola lágrima, le dije que le iba a ir muy bien, donde Diosito la llevara, porque ella había sido una excelente madre y se había ganado el cielo....
Le prometí que velaría por mis hermanos menores, aunque éstos no eran pequeños, pero se que aún así, ellos eran su preocupación, y luego, besando su mejilla me despedí para siempre de la mujer que me trajo al mundo. La mujer que me amó.
Fue muy díficil dar las noticia a mis hermanos que se encontraban a las puertas del hospital. Sé que cuando salí y los miré a los ojos comprendieron todo, y allí mismo nos abrazamos sabiendo que de ahora en adelante solo nos tendríamos a nosotros.
Ha pasado muchos años de su partida, y todos los días tengo un motivo para recordarla y sentirla viva, parece mentira pero es así.
Y eso me confirma la teoría de que:
<>