Desde hace un tiempo vengo observado en Alexis, mi esposo, mi compañero de vida desde hace doce años, un comportamiento un poco diferente. Exactamente no sé qué es, pero no es el mismo incluso en nuestra intimidad. Él alega que es por su excesivo trabajo que como arquitecto que es requiere de tanto compromiso y responsabilidad.
Al principio pude entenderlo, pero después de pensarlo bien me di cuenta que era una tonta excusa, ya que el tenía muchos años trabajando, ni que fuese nuevo, además para eso están los asistentes que de cierta manera alivian el trabajo, así que no venga con cuentos chinos.
Sabia que había algo que aunque no podía identificar ya mi sexto sentido había encendido las alarmas.
De la noche a la mañana me dijo que ya no podrá llevar a nuestros dos hijos al colegio ya que trabaja en un proyecto sumamente importante y tiene que llegar más temprano a la oficina, que los lleve yo y si no contratar un transporte escolar.
—¿Quuéééé? — escuché bien ¿un transporte escolar?
—Si, claro — ¿algún problema? — me responde.
—Oye Alexis, eso no es lo que nosotros habíamos convenido desde que los niños comenzaron a ir al colegio. ¡Eso no lo acepto!
Se levanta de la silla molesto y me dice:
—Susan, hay que ver qué tú eres una insensata,
¿no puedes por unos meses llevarlos? y además lo puedes hacer eres la dueña del atelier puedes llegar a la hora que quieras... ¡Ah pero no! la niña lo que quiere es tenerme a mi como un pelele, que yo haga todo, que te obedezca en todo y ya me estoy cansando.
—¡Doce años prácticamente viviendo una vida prestada!
—Pues bueno Alexis si quieres vivir una vida propia ya que según tus propias palabras ésta es prestada nada te ata. ¡Hazlo!
Además —le digo — creo que tú estás buscando una excusa y no veo la necesidad de ello.
—¿Te quieres ir de la casa?
—¡No, claro que no!
¿Cómo se te ocurre? — éste también es mi hogar donde viven mis hijos jamás los abandonaría.
—Está bien Alexis,llevaré los niños, no pasa nada. Son mis hijos y obviamente me importan.
Desde ese día la situación entre nosotros fue peor me trataba de una manera delante de los niño pero cuando estábamos solos me ignoraba por completo. Y en la habitación era como si hubiese pingüinos en la cama... ¡Frialdad total!.
Ya no tenemos "Buenos días," se perdió la fogosidad, pienso que el amor viene y también se va cuando se deja de cosechar... ¡Qué triste!
Así fue pasando el tiempo, cada día se alejaba más y más de mi y hasta de los niños. Ya no era el padre que jugaba con sus hijos, que se preocupaba llamando incluso varias veces al día para saber de ellos, y no lograba entender qué pasaba, no sé si estaba con otra ya que todos los días llegaba a su hora de siempre, eso sí, salía muy temprano.
Una mañana a las 9:00, llamaron del colegio ya que uno de los niños se cayó jugando fútbo y al parecer se fracturó una pierna. Cuando llegué al hospital de inmediato llamé a Alexis al móvil muchas veces pero no respondía. Entonces me vi obligada a llamar directamente a la oficina, cuando pregunté por él, me responden con voz denotando extrañeza, y me dicen:
—¿Alexis?
—Si, contesto
—¿De parte?
Mi voz de alerta me dice que no diga quién soy.
—Es del banco Nacional.
—Oiga señoria ya el no trabaja con nosotros.
—Quuuééé? —¡No puede ser! pensé
—Disculpe — ¿desde cuándo no trabaja allí?
—Desde hace tres meses —¿Puedo ayudarle en algo más?
—No, está bien... Gracias.
Cuelgo, y siento que me voy a desmayar, no entiendo nada, que es esto. O sea, ¿mi esposo me ha mentido todo este tiempo en algo tan importante?.
¿Y entonces para donde va todas las mañanas?
Trato de calmarme, veré qué hago después, seco mis lágrimas, y me dirijo al consultorio donde atienden a mi hijo. El traumatólogo dice que tiene partido la tibia y el peroné y hay que operar urgentemente. Bueno pues, pienso, ahora sí es verdad, como dicen por ahí: «Éramos muchos y parió la abuela»
De inmediato lo hospitalizan y comienzan a realizarle urgente todos los exámenes preoperatorio.
A la 1pm lo llevaban a quirófano, mis padres y los de Alexis estaban conmigo, menos mal por lo menos no estaba sola.
De repente veo un movimiento raro, veo a otros médicos caminar apresurados al quirófano, entro en pánico, está pasando algo con mi hijito, corro, pero al llegar a la puerta me detiene una enfermera, empiezo a gritar y a gritar
—¡Por favor dígame qué está pasando con mi hijo, dígame, dígame!
En eso sale el médico y me dice:
—El niño presentó reacción a la anestesia y entró en paro. En éstos momentos el cardiólogo lo está monitoreando.
Solo esperemos un momento.
¡No Dios mío esto no puede ser!
Al rato veo a los médicos caminar hacia nosotros, su cara decía mucho y el cardiólogo nos dice:
—Lamentablemente no pudimos hacer nada, no logramos estabilizarlo, se complicó al sobrevenirle dos infartos seguidos muriendo en el acto
—¿Quuéééé? — ¡Noooooo, Noooooo puede ser! grité desgarrandóme, me tiré al suelo golpeando con mi puño fuertemente de rabia e impotencia y presa del llanto y el dolor.
¿Por qué?
¿Por qué? ¡Noooooo, noooooo!
No Dios mío, no, no no,
¿Por qué mi niño?
¿Por qué?
¿Por qué me lo quitaste señor?
¿Por qué?
¿Por qué?
Mi dolor era demasiado grande, mi hijo, mi hijito mayor con tan solo diez añitos, hijo, hijo, hijo,
¿Por qué te fuiste?.. y seguí gritando y gritando de dolor e impotencia.
Muy a mi pesar regresamos a la casa, no quería dejar a mi niño en ese hospital pero ya había que realizar los trámites para su funeral... ¡Que tristeza tan grande!
Vecinos, amigos y familiares llegaron a ofrecernos sus condolencias, mucha gente se había enterado menos su padre, nadie pudo comunicarse con él.
Yo me derrumbé en el sofá con la foto de mi hijo entre mis manos y escuchando los audios de ésta mañana que me decía
—!Mami te quiero mucho!
—Mami, ¿quieres ser mi novia?
—Mami ¡te amo te amo!
—¡Eres una rosa y veinte corazones!
No podía con tanto dolor y comencé a gritar y a gritar lloraba y gritaba al mismo tiempo
¡Noooo, noooooo! ¿por qué? — ¿por qué?¿por qué Dios mío? — No lo entiendo
En una que miro hacia la puerta lo veo con cara pálida y extrañado que entra en la sala, me levanto inmediatamente y le dije:
Me imagino que vienes "cansado de tanto trabajar" pero debes saber que nuestro Omarcito, nuestro hijito murió hoy a la dos de la tarde...
Vi su cara de horror dolor e incredulidad, se derrumbó en el piso y comenzó a llorar, su madre se acercó y escuché cuando le contó todo lo que pasó con el niño desde esta mañana, y que no hubo manera de comunicarse con él. Abrazándose a su madre siguió llorando.
No quise verlo más después del funeral de mi niño, le dije que lo mejor era que se fuera, que imaginaba que el tenía otra vida. Así que me dejara con Néstor, mi otro hijito, y que él se dedicará a recuperar "sus doce años perdidos".
Me recriminó mi actitud,
—¿Que tu crees que no me duele la muerte de mí hijo?
¿O crees que sólo a ti te duele? también era mi hijo y no aguanto el dolor de su partida.
Entonces le dije:
—Yo no digo que no te duele, obviamente que si, pero los últimos meses nos apartaste, es cierto estabas en la casa, pero estabas ausente, llegabas y casi ni compartías con ellos. Y fíjate, su último día mientras esperabamos los exámenes antes de la desgraciada operación, me dijo
—Que bueno que me van a operar, cuando mi papá sepa va a venir a estar conmigo.
—Ah pero no hubo manera de comunicarnos contigo, de hecho me enteré ese día que tenías tres meses que renunciaste al trabajo.
—¿tu crees que eso es normal entre una pareja de esposos?
Entonces me dijo lo que ya sospechaba.
—Lo siento Susan que tenga que decirte esto ahora, pero hay otra persona y está embarazada.
—El dolor por la muerte de mi niño es tan fuerte que de verdad ni me importó lo que me dijo, solo le dije que se marchara de mi casa, de ahora en adelante solo somos mi niño pequeño y yo.
Lo vi recoger sus cosas, aunque no todas, dijo que vendría después por todo lo que faltaba. De verdad ni me importaba, mi dolor era demasiado grande como para poder sentir más nada,y menos por esa insignificancia.
Me preguntó si pensaba quedarme a vivir allí o vendería la casa.
—Me quedaré aquí dónde están todos los recuerdos de mi niño desde el mismo día que siendo un recién nacido atravesé esa puerta con él entre mis brazos, me quedaré aquí dónde levantaré un santuario a sus recuerdos que son muchísimos. Su última mañana aquí me dijo que se sentía tan feliz de poder estar en el equipo de fútbol, que se había esmerado mucho para lograrlo..¡Qué ironías!
Y nuevamente comencé a llorar, lo miré y le pedí que se fuera, quería estar sola con mi dolor y con mis recuerdos, y con mi otro niño en brazos seguí llorando, cuando me di cuenta se había dormido y lo llevé a su habitación.
Al salir no pude evitar mirar hacia la habitación de mi Omarcito, caminé hacia la puerta la abrí y a paso lento entré, vi todas sus cosas como las dejó esa aciaga mañana, tomé entre mis manos su pijama que aún olía a él y continúe llorando
—¡Mi niño, mi niño, nunca podré olvidarte!
—¡Te llevaste contigo mi vida entera! y...
«Dejaste roto mi corazón»