Hoy me levanté como todos los días, primero que nada agradeciendo a Dios por permitirme ver un nuevo amanecer y también por todo lo bueno que tiene para toda mi familia.
Salgo al parque a realizar mis actividades deportivas, bueno tampoco es que yo sea la chica fitness, ¡No! en lo absoluto, pero si me gusta antes de ir a la oficina, por lo menos ejercitarme un poco.
Sé que me espera un comienzo de semana bien complicado, por un lado reunión con varios empleados del departamento de producción, que lamentablemente la empresa ha decidido prescindir de sus servicios, y yo seré la portavoz, eso no me gusta para nada tener que darles esa mala noticia. Me imagino lo traumático que puede resultar, llegar a tu trabajo y de inmediato ser despedido, sobretodo cuando se trata de padres de familia. Pero bueno, los jefes no les importa eso, para ellos lo importante es solo su empresa y nada más.
Después, y aunque parezca contradictorio, debo entrevistar al nuevo personal que contrataremos para el departamento de mercadeo, eso por lo menos me desestresa un poco, en todo caso se le está dando una alegría a otras personas al requerir sus servicios
Y asi entre entrevistas y reuniones, entre contrastes y realidades, transcurrió la semana.
Llego a mi casa, observo todo a mi alrededor, y aunque amo mi departamento, hoy lo veo tan aburrido, tan gris, tan triste, que en ocasiones como ésta me provoca salir corriendo.
Siento tanta tristeza de ver que mi vida no tiene un Norte establecido, lo único que tengo es el dolor de la ausencia de su partida, desde que me dejó hace unos meses para irse con otra, a vivir lo que según él, no vivió conmigo. Y eso me dejó sumida en una profunda tristeza, que me ha obligado a compartir el desayuno, el almuerzo, el café, la cena, la ducha, y hasta la cama con ella...Si, con ella...
_¡Ella es la la Soledad!