Anieska, tenía 14 años cuando conoció a Ángel de casi diecisiete, ambos eran unos adolescentes estudiantes de bachillerato. Desde ese mismo momento comenzaron una sincera amistad, pero al pasar los meses la amistad se fue convirtiendo en amor. Cada uno era el primero en la vida del otro, sin embargo, y muy propio de su inexperiencia y la inseguridad, los celos dominaron la relación, y a pesar de amarse con toda su alma, era más el tiempo que estaban disgustado, que lo que estaban felices y contentos.
Muchas veces se ofendian sin motivo y sin razón, los celos por parte de él cada día eran más acentuados, pero a pesar de todo se seguían amando con locura. Y así, en ese circulo de discusiones, reconciliaciones, celos y amor, fue transcurriendo el tiempo.
Al terminar su educación media, él ingresaría a la escuela de aviación, aunque no era lo que realmente deseaba, pero lo hizo por complacer a sus padres, sabía que probablemente ésta situación lo alejaría de su amada, ya que la carrera militar exige mucha dedicación, empeño y sobretodo tiempo, así que entre abrazos, besos y lágrimas se despidieron, y juraron que no se iban a olvidar durante este tiempo de tres meses que duraba el entrenamiento, después de eso, su salida sería cada quince días, y así fuese un ratico el que se podían dedicar para los dos, iba a ser maravilloso.
Y la verdad, tal cual sucedieron las cosas, lograron superar esos tres meses del entrenamiento, en donde no se vieron un solo día, pero cuando volvieron a verse, sentían que su amor se había fortalecido y aumentado mucho más.
El tiempo fue pasando, y entre sus estudios de medicina en la universidad y la espera cada dos semanas de su amor, la vida iba transcurriendo para ambos.
Un triste suceso marcó su vida para siempre, para nunca más volver a ser la misma chica alegre que todos conocían. En un entrenamiento militar el avión que el piloteaba explotó en el aire, produciendo su muerte instantáneamente
La noticias corrieron como pólvora en los medios de comunicación, ella estaba en el cafetin de la universidad, cuando a través de las noticias en la tele se enteró que el amor de su vida había muerto. Sus desgarradores gritos de dolor y desesperación no se hicieron esperar, fue tan fuerte ese doloroso momento que todos los presentes también lloraban y le demostraban su solidaridad.
El inexorable tiempo pasó, pero ella nunca se recuperó del dolor de haber perdido a su amor, y aunque hoy en día es un excelente médico pediatra, se le ve una gran tristeza en su mirada, siempre lo tiene presente en sus pensamientos, y sabe que nunca habrá nadie que pueda llenar el hondo y profundo vacío que dejó en su corazón.
Ella está clara que:
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