Debo confesar que, con cada día que pasaba y a medida que me iba haciendo mayor comencé a sentirme constantemente distante de ti, y es que es bien sabido que parte de hacerte mayor es irte separando de tus padres, cada día un poco más hasta que estas totalmente por tu cuenta.
Pero para esta chica tan unida a su madre durante los primeros años de su vida, esa idea simplemente no podía ser concebida; sin embargo no podemos detener el mundo y pronto dejé de ser tu bebé y tiempo después “tu niña”. Mis recuerdos contigo dejaron de tener el color dorado de la luz del sol, lejos de la protección y la calidez que sentía cuando estaba contigo.
Incluso una idea absurda cruzo mi mente más de una ocasión, debo admitir, y es que llegue a pensar que tu amor por mí se estaba debilitando. Que estupidez, no era consciente de que habías sido tu precisamente quien había amado mi existencia incluso antes de conocerme.
Pero siendo tan necia como soy me dije a mi misma que incluso si ya no me amabas como antes, estaba bien, después de todo tenías a tu alma gemela, quien debía pasar el resto de su vida contigo; yo solo era un pequeño polluelo que volaría lejos de ti algún día. Encontraría mi propia mitad y entonces seguiría adelante, aunque no estuviera segura de dar ese paso.
Pero tu alma gemela te falló y rompió tu corazón, ese corazón que le habías entregado en devotos votos de amor. Y entonces decidí que no quería que estuvieras sola nunca más, sería el ave más solitaria si era necesario, solo para quedarme a tu lado.
Si bien me pediste que no lo hiciera, lo hice, me quede a tu lado intentando protegerte y darte consuelo como tú lo habías hecho cuando era tan joven y este mundo se sentía aterrador y demasiado grande. Me quede a tu lado porque vi la desolación en tus y ojos y para mí eso era tan doloroso como arrancar mi propio corazón con una mano. Me quede a tu lado porque quería verte sanar y seguir adelante, dar esos pequeños pasos hacia la superación. Como si los papeles se hubieran invertido y ahora fuera yo quien te cuidara las espaldas mientras te veía convertirte en una versión más fuerte de ti misma.
No lo entendí hasta un poco de tiempo después, pero no era cuestión de quien cuidaba a quien ahora, si no del sentimiento de amor que sentíamos la una por la otra, tan fuerte como siempre. Un sentimiento ahora tan evidente para mí que no pude creer que yo misma pensara que se había desvanecido. No se había desvanecido en absoluto, solo había cambiado, como yo lo había hecho a media que me hacía mayor. Tú me habías entregado la libertad que cada padre le debe a sus hijos y yo lo había interpretado de otra manera.
No importa, ahora me alegro de haberme dado cuenta de las cosas. Voy a quedarme a tu lado, durante el tiempo que la vida me lo permita, hasta que debas irte. Entonces seguiré adelante, lo prometo.
Mientras tanto solo déjame permanecer a tu lado, ya no como una protectora si quieres verlo de esa manera, sino solo como la mejor amiga que espero ser para ti desde ahora, mi querida madre.