Cuando era pequeña, no más de cinco años de edad, una mañana como cualquier otra, fui a la despensa, a dos calles de mi casa, recién levantada y algo dormida, de la mano de mi madre.
Llegamos, ella entró, y mi amigo de la infancia salió, pues su padre era el dueño del local.
Y como la mayoría de las veces, nos pusimos a jugar, a soñar con los ojos abiertos, y vivir una aventura fantástica de guerreros y héroes, en esos escasos minutos de juego que teníamos.
--¿Quién te gusta? --preguntó mi pequeña yo, curiosa.
Habíamos empezado el jardín, y la mayoría de los niños y niñas tenían a alguien en mente, en su infantil ilusión.
--Tú --contestó rápidamente, seco y frío, como siempre, pero con ojos brillantes--. ¿Y a ti quien te gusta?
--¡Pues tú! --respondí yo, con los cachetes colorados.
El juego había acabado hacia unos minutos, el silencio se hizo presente.
Y una duda extraña llegó a mi mente, al menos para mí yo actual... ¿Y ahora qué? Pensé en aquel momento, mirando al niño de mi edad, con cabello negro y un par de dientes faltantes.
Eramos niños pequeños, no había mucho en lo que "trabajar".
El tiempo pasó, y quedó en el recuerdo que es hoy, Dios sabrá de su vida, y lo que yo estuve haciendo de mio vida.
Y un día, como hoy, como ayer, y quizás mañana, volví a sentir esa hermosa pesadilla llamada amor.
Él dijo:
--Tenemos que hablar en persona
Y como toda persona, sintió pánico al escuchar estás palabras al otro lado de la línea ¿Quién no, digo yo?
Un "está bien", y nos encontraremos más tarde.
Así fue, nos encontramos, caminamos un rato, entre nervios inquietos y ansiedad alta, y la sensación de que me iría al suelo en cualquier momento, y por fin, hablamos.
--Me gustas
--Tu también me gustas
Y la pregunta llegó a mi mente otra vez ¿Y ahora qué?
--No quiero comprometerme en una relación, no después de...
Pacientemente lo escuché, eso era lo que él necesitaba en ese momento, y una vez que el suspiró aliviado, de haberlo soltado todo.
Respiré profundo, lo pensé un poco, y encontré la respuesta a aquella pregunta.
--Como conocidos, como amigos, como algo más, como novios, yo quiero acompañarte.
--¿Acompañar?
--Yo me apoyo en ti, tu te apoyas en mí, confiamos y nos respetamos, solo eso quiero.
El amor y cariño ya estaban, solo hacia falta escuchar, y luego hablar, bastante valentía ¿Verdad? Imagínense a una adolescente confesarse, a una adolescente con Ansiedad como diagnóstico médico, lindo combo, bello quilombo, que todo al final lo valió.
Llegué a la conclusión, que por mucho "amor" y amor que haya, sin un ¿Y ahora qué? En el momento oportuno, no se llega muy lejos, al menos en mi vida.