Amelia Heredia, antes llamada Flora Vázquez, reflexionaba desde el suelo sobre la vida.
Miró a Camila, su madrastra, quien llevaba una expresión distante y sin disfrute mientras continuaba su castigo.
Detrás estaba su hermanastra Jade, inexpresiva a simple vista, una mueca tras su abanico blanco, ¿es esa una sonrisa? Tch, tch, tch. Su novio Rekav debe estar celoso~
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Pensaba que era una persona amable, tenía amigos y colegas. En tiempo pasado, al menos.
Incluso una pareja.
Aunque había decido dejarlo, las banderas rojas se mostraron en cuanto el sujeto empezó a buscar peleas cada dos días.
Al principio no quería renunciar tan fácilmente. Pero ya había dado lo que podía dar, y no fue suficiente.
Flora no solía hacer mucho ejercicio, fue muy fácil para él golpearla contra un muro de piedra en el camino, cargar su cuerpo hacia la calle principal. Y aunque ella no se desmayó, tampoco podía mantenerse de pie, ¿cómo es que no lo vio venir?
El lunático tuvo las agallas de esperar a que pasara un camión, y la tiró.
No quería que sus últimos pensamientos fueran para él, así que pensó en su familia en su lugar.
No cuidaría de sus padres, no vería a su hermanito crecer, recordó cómo decían lo orgullosos que estaban de ella…
"¿Por qué no pasó esto antes de aprobar el examen de ingreso a la universidad? Haha”.
Sintió el choque y los gritos desde debajo del vehículo.
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El frío paralizante y la sensación de estar sumergida en una piscina fue lo primero que notó después de un tiempo.
Es lo único que puede pensar en esos segundos, cuando una persona la abraza y saca del agua.
Puede respirar, aunque dolorosamente.
Por suerte no estuvo mucho tiempo abajo, pero ve todo borroso…
Al despertar otra vez, hay manchas en un techo color pastel.
Golpeando la puerta contra la pared, entran dos mujeres; una alta de cabello largo y ondulado, tan brillante como el oro, y una cara bonita realzada por un vestido de colores añil y celeste. La otra, compitiendo en altura, llevaba un vestido esmeralda y muchas joyas, con el cabello negro y lacio, sus pómulos notables y la forma de la cara, engañosamente suave. Compartían algunos rasgos faciales, pero sus miradas eran muy diferentes.
-Estás con vida.-Como si hablara del clima, dijo la morena de ojos verdes, brillantes y afilados.
-Be- Ojos azules, y de cachorro, fue interrumpida por la chica del abanico.-¡Que no…! Me llames así.
Una mirada terrible en una cara tan bella.
-Hazlo.
Interrumpiendo su observación distraída, de la habitación y las bellezas, la mujer mayor consiguió empujarla de la cama.
Después de maldecir mentalmente, se revisa el cuerpo.
No reconoce esas manos ni el resto.
“…Deshonra, me costó jugar básket una vez por semana para ganar esos músculos.” Poca cosa, pero al menos existían.
Entonces la paliza empieza.
Pero una ráfaga de imágenes se muestra frente a sus ojos, no puede evitar gritar por el dolor inesperado que la sobrecarga mental le provoca.
"Sé valiente."
"Te pareces tanto a ella..."
"Podemos ser amigos, si quieres."
"¿Qué hay con esa mirada? ¡¿Me estás menospreciando?!"
"Lo siento."
"Es sólo que, no éramos el uno para el otro."
En medio del dolor piensa.-“Elegiste a la persona equivocada si querías retribución, niña”.
Al acabar, sólo la adrenalina la sostiene, entonces sujeta ese látigo y estira.
La mujer cae de rodillas frente a ella.
Le sonríe, o piensa que lo hace…Las heridas y su nueva cara no la convencen.
-¿Estás bien, madre? -Esta persona es…lamentable.
La señora Camila le da esa mirada con remordimiento tan característica, mientras es levantada de golpe y alejada de Amelia.
Jade la ve fijamente, Amelia le devuelve la mirada. Está evaluándola, sus manos apretando fuertemente un abanico blanco, pero en su cara sólo compostura.
…Nada mal.
Se oye el gemido lastimero de Camila, y por un segundo Jade retrocede.
La escucho ladrarle a alguien más afuera. Pero se van.
Suspiro con libertad en la soledad, otra vez en la cama.
Repasando los hechos. Su “padre”, Alejandro Heredia, rechazó a Amelia después de ser abandonado por su madre…Una madre que no pensó en su bienestar, realmente.
Una madrastra que la trató amablemente, pero después la golpeó y dejó hambrienta, aislándola del resto. Por órdenes de alguien más.
El ex de Amelia, Rekav, que rompió su compromiso sin explicación.
“…¿Quieres venganza? No puedo dártela.”
Se masajea las mejillas con el ceño fruncido, esa cara no está acostumbrada a sonreír.
Ahora se siente somnolienta…y adolorida.
Hay una caja pequeña en la mesilla que está al costado de la cama, dentro tiene material para curarse…
¿Y esta flor?