Recuerdo que mi madre siempre fue muy "valiente". Cuando era niña y me cambiaron de colegio, otros niños me acosaban y ella me decía que si alguien me pegaba, tenía que acordarme de defenderme, de protegerme y de no aguantar. La maestra dijo que no se puede enseñar a un niño de esa manera y mi madre dijo que nadie puede intimidar a mi bebé.
El día de mi cumpleaños mi madre me llevó a una pastelería para pedir una tarta y la dependienta me preguntó si éramos socios, le dije que sí pero que había olvidado el número de teléfono que tenía registrado en ese momento, mi madre le pidió a la dependienta que lo comprobara y la dependienta le dijo que hasta los niños pueden mentir, mi madre me mandó a casa con la tarta y luego volvió con la dependienta para "discutir". Ella dijo: "Estoy segura de que mi hija no mentiría.
En otra ocasión, tuve un vigilante de exámenes en la escuela primaria al que le gustaba decir palabrotas y cuando llegué a casa le dije a mi madre "me dijeron que era una idiota porque no había dado la vuelta a mi hoja de examen por delante".
Al día siguiente, mi madre fue al colegio a "discutir" con la profesora y ésta se disculpó.
Mi madre siempre estaba dispuesta a protegerme de cualquiera que me intimidara.
Ella era muy valiente, pero yo siempre fui bastante débil. Tenía miedo de que mi madre discutiera con el dependiente de la pastelería, de que mi madre discutiera con el profesor, de estar rodeada de gente, y me sentía muy avergonzada.
No he heredado sus puntos fuertes a la perfección y a veces me he resentido con ella.
Pero ah, ella siempre decía que era filial, comprensiva y me elogiaba por ser dulce y pensar en los demás.
Hay momentos en los que me siento fatal e indigna de ser su hija. No soy tan directa y optimista como ella, siempre deferente con los demás, y no he resultado ser lo que ella quería que fuera, pero sigo queriendo a mi madre y le agradezco todo lo que ha hecho por mí.