Sentada mirando en la nada misma, se encontraba una niña capturando y jugando con su imaginación, escondida de la realidad, parecía que aquella niña solo jugó con las horas pasar.
Casa. Casita. Hogar. Empieza a reír.
Suena el timbre de la puerta. Sabía quienes eran y porque tocaban aún así la niña, no abrió la puerta, aunque se alarmo y estuvo cerca de la puerta en todo ese tiempo.
No contestar. Se fueron.
Tuvo miedo, igual se siento de nuevo sola.
Callo la noche, despertó aquella niña de su burbuja, había regresado su madre.
- ¡Mamá! --se acercó a ella lo más rápido posible.
Se sintió ver que aunque le temía a la noche, su madre llegó de donde sea que estuviera, ¿trabajo?, ¿reunión?, ¿salio con alguien?. Tenía edad suficiente para darse cuenta, aún así no le importaba, le gustaba que estuviera.
La mamá después de preparar algo rápido para poder descansar, se acostó en un lado de la cama, se estiró un poco y al rato se quedó dormida.
La niña se sentía temerosa en la noche, rogaba que fuera de día para volver a soñar despierta. Se sentía sola cuando eso pasaba pero...
- ¿Mamá? --noto que estaba dormida y se calló de golpe.
Aquella niña solo limpio su cubierto y plato, se alistó en su cama y le agarro de la mano despertando a su madre.
- ¿Mamá puedo tomarte de la mano?
No dijo palabra alguna, solo se acomodó más y volvió a quedarse dormida, la niña estaba tranquila cuando pasaba eso.
No durmió hasta la madrugada que pudo conciliar cansancio, y por fin se quedó dormida.
Años después esta misma historia se lo conto aquella niña a su hermanito menor, repitió la misma acción de cuando era pequeña, tomaba su mano hasta que ya no se lo pidió.
Cada vez era un día nuevo, se sentía igual sola, parecía que no podía entender nada y entenderse sola. La mamá recriminó el hecho de su padre.
Igualita eres, igual de obesa que esa familia, tu cara es parecida... y la única palabra que rompió aquella niña sin sentido o culpa, es más, la había fortalecido tanto que ya no derramó una lágrima.
Ojalá si tu no hubieras nacido, yo no quería tenerte, tu padre me obligó. Te irás a donde ellos.
Lo sé. Lo sabía la niña misma, esa que sin importar como se vistiera su madre, como la tratara, su mirada, su cariño tan frío pero falso, lo sentía y lo sabía.
Mudó quedó ella sin voltearse, el hermano menor corrió a donde la madre para que me quedara con ellos. ¿Que me quedara?¿ A dónde iba a ir de todos modos?
El sufrimiento de decir un te amo fue más doloroso cuando estuvo con su padre.
Su abuela le decía y maltrataba parecido e igual, más bien peor que su madre.
Era el mismo demonio. Los años pasaron y un día simplemente dio con su vida un final.
Sola. Solo. Soledad. Sonrió ella viéndose en un ataúd feliz, una vida mejor no habría, habían peores, habían mejores, todos pasamos por algo que nos marca, ¿entonces somos el reflejo del otro?
Los padres se miraron abatidos, solitarios y arrepintiéndose de no haber hecho mejor las cosas, aquel padre se embriagó y termino en un destino para el solo.
La madre sintió la culpa, igual su expresión era la misma cuando no sabía que decir de ello.
El hermano no lo supo. Jamás le dijeron que estuvo muerta, ya que la veía pasando y jugando con el, incluso para todo el tiempo en casa.
Al ahora de tomarse una foto con ella cuando fue grande, se dio cuenta de que algo no cuadraba bien, entonces lo supo. No reflejaba nada. No estaba, lo entendió aquel hermano y sonrió llorando al saber que su hermana lleno el vacío de él, estando solo.
Fin