Patético.
Así se sentía, mientras unos matones lo golpeaban. No era capaz de defenderse por su cuenta, era patético, su padre tenía razón.
No esperaba la ayuda de nadie, nunca, esto ya se había vuelto una rutina para él. Parecía que ellos siempre estaban siguiendolo, en la escuela, el super mercado y ahora a una cuadra de su casa.
Tal vez debería morirse de una vez.
¿Por que ellos no lo mataban?
Ya estaba enloqueciendo, tantos golpes le estaban afectado.
Muy en el fondo sabía que no era su culpa, él no pidio nacer asi, ser tan pequeño y poco sociable. No por como sea su aspecto físico o su comportamiento introvertido significa que deban golpearlo. Lo sabe, tendría que defenderse, pedir ayuda a alguien. Pero no puede, ¿para qué? Solo era una carga para los demás.
Pero este era el fin, lo sabía, podía sentir en sus huesos que hoy todo terminaría. Los golpes eran más fuertes, ya no eran tres personas las que lo atacaban, ahora eran seis. Y parecían ir por todo, estaban dispuestos a acabar con su vida. Lo supo cuando uno de estos le hizo un corte en la cara con una navaja.
Se estaban divirtiendo lastimandolo.
Se dejó hacer, simplemente acepto los golpes y los insultos, cerró los ojos decidido a partir. No quería más dolor, ya no aguantaba un día más.
Nada, ya no sintió nada, ni los insultos ni los golpes. ¿Ya estaba muerto?, esperaba que si.
No esperaba que al abrir los ojos solo me encontraría con un tipo que no había visto antes, este me miraba como si no entendiera algo, parecía haber irá en sus iris por lo cual rápidamente desvíe la mirada, busque a los matones pero ellos no estaban. No lo entendía ¿Que fue lo que pasó?
—¿Puedes pararte solo? —Pregunto el desconocido mientras me tendía su mano
Quien diría que alguien con su aspecto me ayudara, se notaba que era un hombre con poder, usaba un traje echo a medida color bordo, tenía su pelo peinado hacia tras y usaba unos guantes negros.
Sentí que era mucho más peligroso que cualquier otro matón con el que me haya cruzado.
No podía levantarme solo así que negué con la cabeza lentamente, me sentía tan mareado que cuando el me tomo en sus brazos como una princesa no pude evitar sentir unas inmensas ganas de vomitar.
Patético, Patético, Patético...
El desconocido me llevo en brazos hasta un auto último modelo que era conducido por un señor calvo y con muchos tatuajes.
En algún momento de el viaje perdí la conciencia, no llegue a decirle ni mi dirección al extraño.
Cuando desperté estaba en la camilla de un hospital, sólo. No iba a mentir, sentí desilusión al no verlo en el cuarto, Pero esa desilusión se fue cuando vi a mi madre. Pobre mujer, todo lo que tiene que sufrir por mí.
Estuve internado en ese hospital como por tres semanas, los golpes casi me llevaban a la muerte, fue un milagro que él llegara.
Antes de irme me interceptó un hombre, vestía de traje y llevaba unos lentes negros, era alguien sospechoso. Este desconocido no me dijo palabra alguna solo me dio una carta, la carta tenía un sello muy extraño. En ese momento no le di importancia, pero esa carta y ese encuentro marcaría un cambio en mi vida.
Quien diría que terminaría a tu lado, limpiando la sangre de tus manos. Amando como nunca había amado.
Atrapado entre balas y besos.