20:00 horas, Ciudad de Barcelona.
El cabello liso y largo revoloteaba con prisa detrás de la novia que huía.
Se lamentaba por el viento que soplaba con frialdad ante la inminente llegada del invierno. Alguien acabaría resfriado por ello sin duda, lo más probable es que el novio.
Al que momentos antes había empujado en la fuente de agua más cercana, esa que tenía una estatua con forma de una medusa melena de león que tanto le gustaba a él.
Lo había hecho por razones personales.
Personalmente, ella pidió una sirena para esa fuente central. Pero como todos le negaron incluso ese "pequeño deseo" después de aparentemente obligarla a casarse...Tenía que llevarse algo.
Definitivamente.
Además de lo que les robó, parte del plan original, el anillo de la familia. Pasado por generaciones a la pareja con la que se casaba el heredero principal. El que aparentemente traía suerte y fortuna a quien lo poseyera.
Ese anillo que les pertenecía por culpa de la mala suerte de un pobre hombre.
Aún con la cara congelándose, y el vestido blanco incómodamente ostentoso. Saltó alegremente. Esas bebidas llenas de laxante hicieron maravillas en los guardias que había contratado su futuro ex-esposo para mantenerla.
El viento seguía frío, y corría aunque nadie la perseguía. Se aseguró de ello, desde los zapatos cómodos escondidos, hasta memorizar las calles y el punto de encuentro con su contacto.
Su compañera de trabajo más eficiente y leal.
20:16 horas, Calle de la Alegría.
-Llega tarde-expulsó el humo del cigarrillo (o dispositivo para crearse cáncer de pulmón, como le decía Laura) y revisando por veinteava vez su reloj de pulsera sincronizado con el de su colega del crimen. Lo lleva haciendo desde que pasaron de las 20:15. Piensa que va ha terminar por perder lo que le quedaba de paciencia.
El motor listo para partir, y la música favorita de ambas puesto, en festestejo por la culminación de su último trabajo. El más largo y difícil.
Odió cada segundo de verla al lado de ese patán. Su mismo cabello, sus mismos ojos(aunque la mirada diferente, muy diferente) y labios, en la cara de su pedazo de escoria de hermano mayor.
Ese asqueroso debió rendirse cuando descubrió que Laura no era Luna.
Si en el mundo existen dos almas más afines(además de ella y Laura) son su bestia de hermano y la perra loca de su ex.
Existen motivos, o excusas, para explicar por qué hay ese tipo de personas o por qué hicieron lo que hicieron.
Pero entender no significa perdonar.
Toc Toc Toc
Ahogándose en su ira y deseo de destrucción. Recuperó la conciencia, una vez más, gracias a Laura.
Una muy sonrojada Laura. Hace mucho frío para ella. Abre la puerta rápidamente, con cuidado de no ser brusca.
-Ya tocaron más de las doce, mi Cenicienta.-Sonrió alegre al verla sonrojarse un poco más. Esta vez por calor.
-Se me cayó un zapato de cristal en las escaleras, - hizo una pausa en cuanto el motor rugió fuertemente,-y no podía dejar que el príncipe me encontrara de nuevo.
Era mona incluso con esa mueca extraña que le salía de vez en cuando al intentar guiñar su ojo...
Llegando a el Masnou, y después de jugar un poco en el camino con el anillo, empezaron a escuchar las sirenas de la policía.
-Muy pronto, muy pronto.-Trató de ocultar su preocupación.
-Relájate, Al. -Le tocó el brazo Laura. -Todo sale como lo planeamos. Mira hacía allá.
Oh.
-Entonces...
-Plan B.