"Para mi querida madre:
Aún recuerdo todo lo que hiciste por mi. No necesitas preocuparte...lo juro, nunca lo olvidaré.
Es vergonzoso no poder decirte que te amo. Es tan fácil odiarte por todo lo que me dices y haces.
Nunca podré olvidar, ni dejar atrás nada, aunque a veces quiero.
Te amo más que a nadie, más que a mí padre, mis hermanos y cualquier amigo que alguna vez tuve. No porque seas mi madre y me hayas dado a luz, no, aunque tú me ames por eso. Yo amo a la persona que conozco. También la odio.
Me haces sentir bien, pero también causas un dolor proporcional al amor que me das.
Es justo.
No existe amor sin dolor. Gracias por enseñarme a amar de verdad.
Lo siento por no ser lo que siempre quisiste. Pero me ayudaste a ser consciente de ello, de que no tengo por qué serlo. No estaré siempre contigo.
¿Estás triste por eso? ¿Te importa?
Te extrañaré cuando no estés.
Espero poder demostrarte antes de eso que puedo ser decente y autosuficiente sin ser como tú. No trato de ofenderte, tenemos similitudes, pero yo no soy tú y no puedo acercarme demasiado a ello.
Por favor, acéptalo antes de marcharte.
Siempre tu hija."