- Corten! - Gritó el director dando por finalizada la escena. Jonathan se separó de su compañera Amelia, con quién acababa de protagonizar la secuencia más intensa de la película.
- Ese beso... - Comenzó a decir ella. Jonathan chasqueo la lengua y la ignoró.
- No fue un beso. Es actuación. Nada de esto es real.
- Vas a decirme que no sentiste nada con lo que acabamos de hacer?
- Hacer? - Pregunto con tono burlón - Estamos actuando adelante de cincuenta personas con una cámara en la cara. No sé que puede provocarte eso, aparte de la responsabilidad del trabajo.
- Eres demaciado frío, Jonathan.
El actor prefirió no responderle. Su asistente, David, se acercó con un café en la mano, él le sonrió agradecido pero le rechazó la bebida.
- Gracias, prefiero ir a tomar algo a otro lugar. Necesito despejarme.
- Claro, Johnny. - David miró su reloj de pulsera - Recuerda regresar en media hora.
- De acuerdo.
Jonathan pasó por su camerino para buscar su abrigo, sus gafas oscuras y un tapabocas que le cubría la cara desde la nariz hasta el mentón. Era difícil para una estrella estar caminando entre el público, pero a él le gustaba mezclarse entre la multitud como antes de ser famoso.
Entró a un modesto café que estaba frente al estudio de grabación. Era un negocio nuevo que había abierto sus puertas hace pocos días.
Se sorprendió al ser recibido por un pequeño de no más de cinco años. Tenía el cabello rubio enrrulado
y unos enormes ojos verdes que miraban con cierto aire travieso. Jonathan recordó su propio rostro cuando era niño.
- Buenas tardes, señor cliente. - Lo saludó el pequeño dedicándole una sonrisa simpática.
- Buenas tardes, Eres el mesero?
- No, mi mamá es la mesera y también cocinera y cajera.
- Vaya, tu mamá hace todo! - Exclamó el actor siguiéndole la conversación.
- Si, mi mamá trabaja mucho! - Respondió el niño con orgullo.
- Damián, estas molestando a los clientes? - Se escucho la voz femenina desde la cocina.
- No estoy molestando - Replicó Damián ofendido y luego volteo a ver a Jonathan - Verdad?
- No, no molestas para nada, pequeño.
De la cocina salió una mujer y a Jonathan se le detuvo el mundo. Era de contextura pequeña, delgada. Llevaba su cabello largo castaño rojizo amarrado prolijamente con una cola de caballo, sus ojos verdes se posaron sobre él y al verlo le dedicó una sonrisa simpática. Las pecas que adornaban sus mejillas y puente de la nariz parecieron destacarse con aquella sonrisa.
- Bienvenido - Le dijo ella con una voz suave. - Tome asiento. Lo atenderé enseguida.
- Gracias. - Respondió él y sin dejar de mirarla se dirigió a una mesa.
La mujer se acercó a tomarle su pedido y muy torpemente él respondió que quería un café y una rebanada de pastel de manzana. Cuando ella se retiró a preparar el pedido, el pequeño Damián la siguió.
Jonathan se quedó pensativo. Tenía un recuerdo borroso que se asomaba del fondo de su mente. Una noche, una fiesta, mucho alcohol y una mujer que le dio la noche de pasión más ardiente de su vida.
Solo recordaba su cabello rojizo y sus enigmáticos ojos verdes, además de su voz agitada que le susurraba al oído que la hiciera suya.
- Aquí tiene el pastel. - La voz del pequeño lo despertó de sus recuerdos. Le sonrió agradecido y, quitándose el tapabocas, le dio una probada al postre.
- No es el pastel más delicioso del mundo? - Preguntó el niño con una mirada ilusionada. Jonathan no pudo evitar sonreír.
- Si, si lo es!
- Le diré a mí mamá que le encantó! - Exclamó el pequeño y se alejo hacia el mostrador.
La dueña del lugar levanto la mirada del mostrador y le sonrió con amabilidad, pero al cruzar sus miradas y verlo sin los anteojos ni tapabocas se paralizó. Jonathan notó un leve temblor en sus manos y como tuvo que agarrarse fuertemente del mostrador.
Se sorprendió porque él es famoso o lo recordaba de otro lugar? Podía ser ella la mujer con la que compartió aquella noche? Y el niño? Podía ser suyo?