- Basta! Yo no les he hecho nada! - eran los gritos que alguien escuchó.
Mario era un chico débil, él lo sabía muy bien, además de que su timidez jamás le había dejado defenderse, así que simplemente cerró sus ojos, esperando a lo que él decía su destino.
...
Pero no sucedió nada, con algo de temor, volvió a mirar, solo para encontrarse con la espalda fornida de alguien, que parecía defenderlo. Estaba incrédulo y paralizado, no sabía que debía decir, o si debía hacerlo, por lo que se limitó a susurrar "gracias"...
Aquel que estaba frente a él volteó con una sonrisa suave y extendió su mano diciendo - está bien, pero si quieres recompensarme acepta una invitación por un café -... Mario lo miraba completamente confundido, y extrañado, pues nunca había recibido la invitación de nadie. Algo en ese hombre, que parecía poco mayor que él le intrigaba, y por alguna razón, hacía que sus latidos se aceleraran...
Mario, temblando levemente le dijo - primero quiero...saber tu nombre... - cuya respuesta fue una pequeña risa finalizada por una frase - es verdad, bastante tonto, invitarte siendo un completo desconocido, es un gusto, mi nombre es Elias - y Mario solamente pensó que ese nombre encajaba perfectamente con la persona frente a él.
Aquella tarde en la cafetería fue agradable para ambos, por lo que siguieron viéndose con frecuencia; sin embargo, había algo que no dejaba de rondar en los pensamientos de Mario, se creía un iluso a sí mismo por enamorarse así nada más, y se preguntaba si el "amor a primera vista" podría existir... Pero algo siempre lo retenía, no era capaz de confesarse, y le tenía terror al rechazo, después de todo era "su primer amor", y se dice que nunca es el verdadero...
Pasó así un año entero, Mario ahora era un poco más abierto, y tenía más amigos; aún así, no evadia el hecho de que Elías no parecía percatarse de sus sentimientos, y que a pesar de seguir todo tipo de consejos y ser bastante evidente, él no mostraba ningún gesto, por lo que finalmente se rindió.
Sabía que no podía olvidarlo, y que los sentimientos que tenía no desaparecerían, mas se forzaria a enterrar estos si era necesario... Y todo esto, estaba gravado en una caligrafía bastante limpia, dentro de un diario.
Suele decirse que el pasado siempre vuelve, y Mario no sería la excepción. Los secretos nunca duran demasiado...
Ese día no pudo distinguir que tipo de expresión y sentimiento le mostraba Elías, pero tampoco se quedaría a descubrirlo, salió corriendo lejos...y esta fue en muchos años la última vez que se vieron...
Elías se sintió tan frustrado por ser tan distraido, le dolió caer en cuenta cada señal de amor que Mario le mostró...lo recordaba claramente, lo nervioso que se ponía, el color en sus mejillas, y lo atormentaba pensar que siempre decidió ignorarlo...
El amor es algo complicado...
Mucho tiempo después, el destino nuevamente les jugó una trampa, pues en el mismo café donde por primera vez compartieron, aquel hilo volvió a juntarlos...
- Solo una tarta de fresa y un té por favor -...esa orden, aquella voz, Elías no lo podía creer, Mario estaba justo frente a él, en una mesa...junto a alguien.
En un solo instante a su memoria vinieron tantas cosas, todos los años que habían pasado, todas sus experiencias, pero ninguna cómo él...
- El destino es cruel...- susurró para sí y salió de aquel lugar, no podía entrometerse o pelear por algo que él decidió perder hacia demasiado tiempo...
...
..
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- Espera!...E-Elías! - sintió cómo alguien sujetaba la manga de su abrigo, quería voltear mas no podía, ahora él temblaba mientras apretaba los dientes...
- Enserio eres tú?... - escuchó ahora un tono quebradizo, y al solo escuchar pequeños sollozos no lo resistió, volteó y abrazó a Mario cómo no lo hizo jamás, mientras hundía su rostro en su hombro, sintiéndose culpable, pero anhelando que ese abrazo fuera eterno...
Después, lo que más le sorprendió fue levantar el rostro y ver la expresión en Mario, tan dulce y comprensiva... Que no pudo evitar... Besarlo.
Y Mario en una mezcla de emociones le correspondió.
Esa noche la pasaron juntos, en un hotel, mientras Elías en cada toque, en cada uno de los susurros, con cada movimiento, le demostraba a Mario todo aquello que guardó. Las palabras no eran necesarias para expresar, y Mario no podía sentir más que felicidad...con sólo escuchar...
- Te amo... -
- Y yo a ti...lo hice desde la primera vez que te vi... -
La vida es cómo un carrusel, da muchos giros, demasiadas vueltas, pero Mario logró una promesa, y está gravada en el corazón de ambos...
Fin.