Los papeles temblaban en sus manos. más bien, sus manos temblaban, haciendo sonar las hojas de examen. La chica de apariencia llamativa, se chupaba los labios frente a la puerta de ese salón, cabizbaja. Llevando las hojas contra su pecho, se peleaba internamente con ella misma sobre el como debía actuar al entrar.
¿debía parecer superior?, ¿Actuar fríamente?, tal vez de manera adorable...ella no estaba segura. Sus piernas temblaban, y aún no se decidía en entrar.
El chico que le gusta, Kent, estaba al otro lado de la puerta.
Ese chico es un graduado en matemáticas. Es mayor que ella, y mejor conocido por su franqueza e inteligencia. Aunque a ella no le pareció inteligente, sino, interesante.
Todos veían como un fastidio el hecho de que el chico de gran estatura, le encontrara sentido a cualquier cosa. quitándole el sentido a las cosas más simples que cualquiera pudiera hacer.
Pero ella, veía algo tierno en eso.
Su mirada fría tras los lentes, analítica y preparada para estudiar a la gente. Su incapacidad de entender las cosas más simples, y el descaro de sus reacciones, le hicieron llegar a una conclusión: Kent, el chico mayor que ella, era adorable.
Ella acababa de cumplir los 19 años. Y una compañera de clases ya estaba saliendo con un chico llamado Ukkyo. Esa compañera tenía un novio, teniendo un año menos que ella.
Y ella conoce a Kent desde hace unos meses, y no importa que tanto intente... él no iba a comprender las indirectas. Incluso por un fallo, ella está aquí.
Hace unos días, ella había intentado hacer el papel de chica lista. obviamente, nunca le salió muy bien...
Apenas el chico se dio cuenta de su presencia en la oficina (una hora después que ella entró), la ahogó con preguntas. La más baja entró en caos mental, y tumbó el agua de las plantas en los papeles que él tenía en su escritorio.
¿Lo peor?, ella había salido corriendo al instante. que cobardía.
Ahora estaba roja. Frente a la puerta, y con los papeles en mano.
El contenido de éstos papeles estaba en su cabeza. Luego de encontrarse con el mejor amigo de Kent, y contarle todo (en medio de sonidos incomprensibles), le informó que Kent estaba trabajando en los exámenes que le daría a una clase en la universidad.
Si, éste chico había sido elegido como pasante por unos días. y ella ya le había arruinado el trabajo.
Después de días de ejercitarse y tomar valor, ya estaba lista para encararlo. Encararlo y pedirle disculpas.
¡Ella podía hacerlo!
Frente a ella, la puerta corrediza se deslizó, haciendo un sonido. Ésto la sorprendió, provocando inesperadamente que un chillido saliese de su boca.
Él estaba ahí. ¡Él estaba frente a ella!
Solo lo había visto cuando le arruinó su trabajo. Y había olvidado que él era demasiado alto...
- ¿Que estás haciendo? — Kent preguntó con sensatez. Una mano en su cadera mientras miraba hacia abajo. — Llevas tanto rato ahí parada que no pude soportar la presión y me levanté a ver qué pasaba.
Tan directo como siempre.
Kent, el alto universitario de cabello color arena, y lentes brillantes como sus ojos. Su mentón puntiagudo y ojos aburridos, hacían que el corazón de la pequeña chica palpitara turno por turno.
Y él no dejaba de mirarla.
Ese era otra manía que los demás encontraban extraño. Kent podía quedarse extremadamente callado, como un NPC de videojuegos, y volver a decir lo mismo si no había respuesta.
Pero ésta vez, no hubo repetición.
- ¿Que te pasa?, Estás muy rara. — Dijo él, rompiendo el orden de las cosas. — ¿Tienes baja la azúcar? O algo...
Ella abrió un poco más los ojos cuando notó el estiramiento en su voz. Kent había bajado más su mirada hasta el pecho de la muchacha.
Ella siguió el hilo de sus ojos, y entró en cuenta de lo que estaba viendo. Contra su pecho, los papeles lloraban para que dejaran de ser apretados.
- ¡Ah!, Ah...
Ella lanzó un gemido mientras desordenada más los papeles en sus manos. Éstos bailaban de mano en mano, y el chico más alto no hacía nada más que mirar sin expresión alguna.
Finalmente, los papeles salieron volando a todas partes.
Ella no sabía hacia donde ir. ¿Izquierda?, ¿Derecha?, ya todo estaba perdido...
- Lo...Lo siento mucho. — Se disculpó. El cabello de la más baja hizo un movimiento limpio cuando ésta hizo una reverencia. — Discúlpame, prometo arreglarlos tal y como estaban.
Había un silencio extraño en el aire.
Se había mencionado que ésto era normal en Kent. pero no se mencionó que, ésto era lo único del chico que a ella no le gustaba. Todo porque para ella, complicaba más el trabajo de entender a su enamorado.
No podía verle el rostro. Solo veía su reflejo en el piso de la universidad.
No podía decir más...y quería decir más.
Los pies de su enamorado se mostraron frente a ella. Él había dado un paso hacia ella. No quiso levantar la cabeza. Si él iba a regañarla, estaba dispuesta a aceptarlo...
- No tienes remedio.
Fue lo único que el chico dijo.
La joven se estremeció. Tanto por la vergüenza de ser regañada, como por agradecer el hecho de que, al menos, una palabra que puede ser sacada de varios contextos, fueran dirigidas hacia ella.
Ella escuchó como Kent suspiró.
- No soy adivino. No puedo saber por qué actúas así, no saber que es lo que te molesta tanto de mí. — Explicó con claro fastidio. — Siempre que vienes, causas un desastre y te vas. Siempre que te hablo, te pones roja. Y siempre que intentó ser amable, te disculpas. ¿Hay algún problema conmigo?
Eso la tomó de imprevisto. Hasta provocó que ella dejara la vergüenza de lado, y se atreviera a subir la cabeza para verlo a los ojos.
Incógnitas rondaban alrededor Y ella no sabía cómo responderlas.
¿Por que Kent decía que había algo malo en él?, no. ¿Por qué pensaba que ella no lo soportaba?
- Esto..Yo... — Ella titubeaba. Quería profundizar y explicarle las razones, pero nada salía. Solo piezas que él tenía que armar, mientras ella tapaba su boca con sus nudillos. — No...odio...Admiro...y eso...
- ¿Jah? — Kent se apresuró en interrumpir. — ¡Si quiera eres capaz de formular una palabra!, Tú...
Él apartó la mirada cuando se encontró con la chica. Su mano se fue hacia sus lentes, y se los acomodó con un temblor casi invisible.
- Tú...¿Que piensas...de mí? — La chica abrió los ojos. Kent no la miró, y en cambio, cerró los ojos mientras un temblor era evidente en su voz. — Yo...he hecho todo lo que me recomendaron. Desde ser amable, hasta actuar como un chico Genial. Pero siempre tú...tienes que reaccionar de manera extraña...
Era la primera vez que ella escuchaba nervioso a Kent. siempre le pareció un chico Genial, capaz de actuar interesante, y encontrar soluciones inteligentes a todo. Pero...
¿Desde cuándo se ponía nervioso?, y Espera...¿Él estuvo actuando todo éste tiempo?
No podía creerlo. Ella, por primera vez, sintió otro interés hacia él. La vergüenza se había ido, y había llegado el interés personal.
¿Como era capaz Kent en actuar cuando está nervioso?, era como estar en un videojuego...
- Y bien. ¿Te caigo tan mal que no me vas a responder?, Santo cielo...
La chica de nombre desconocido, tembló en su lugar. sus ojos se ensancharon, y su boca prácticamente desapareció. Aunque lo estaba mirando a los ojos, no sentía que estaba allí con él.
Su cabeza estaba en otra dimensión. Mientras su corazón palpitaba sin preocupación.
El chico que le gustaba, estaba frente a ella. Y le estaba hablando (aunque no sabía de qué, tal vez eran esos acertijos que tanto le gustan...)
- ¿Y eso? — Kent preguntó. Sin si quiera molestarse en apuntar a su objetivo. —
Ella hizo lo mismo. siguió el hilo de su mirada y encontró lo que estaba viendo.
Los papeles desordenados en el suelo.
- ¡Eso...!, Eso... — De nuevo un tartamudeo. La joven se recompuso con un respiro, a lo cual Kent enarcó una ceja. — Esos...son los papeles que te arruiné hace unos días. Ikki-san me dijo que eran tus exámenes, y yo saqué unos nuevos en base a un ejercicio que él tenía en ese momento. — Ella explicó, evitando los ojos del universitario. — Aunque no creo que sean tan buenos como los tuyos...
Los ojos de Kent se abrieron de par en par. Estoy fue evidente para la atención de la chica, ya que era inusual que un chico tan reservado reaccionara de manera tan explícita en medio de una conversación relativamente normal.
Antes de que ella pudiera preguntar, él se volvió a acomodar los lentes, con las mejillas ligeramente rosadas.
- Ah, ya veo. Así que te tomaste la molestía de sacar un examen nuevo... — Habló en voz baja. Instantáneamente, se cruzó de brazos y cerró los ojos. aunque ese claro sonrojo no se había ido. — Tengo que asegurarme que estén bien hechos, y para ello, tengo que revisarlos con quién hizo los exámenes. En pocas palabras: Tienes que revisarlos conmigo.
La más baja se quedó estática.
El chico que le gustaba, le estaba invitando a entrar a su oficina. Kent, el chico más inteligente de la universidad, la estaba invitando a Revisar los exámenes, juntos.
No se negó. Pero tampoco aceptó.
No podía decir nada.
- Vamos, entra. — Kent se hizo a un lado, dejando ver el escritorio de la oficina. — Yo recogeré los papeles. No vaya a ser que causes otro accidente y salgas corriendo.
Listo. Su corazón se volvió a romper.
El chico que le gustaba, había lanzado un chiste sobre ella. Aunque no sabía si él estaba consciente de ello.
Al entrar a la habitación, se dio cuenta de algo.
Todo estaba exactamente igual que antes. Todo era aburrido y verde. Su enamorado no estaba acostumbrado a los cambios.
Ella sonrió ante ésto. También Kent era muy ordenado.
- Siéntate por allá. — Ella saltó del susto. Kent estaba tras ellas con los papeles en mano. — Solo levanté uno, y ya vi un error al inicio nada más. Lo mejor es que nos sentemos juntos para que estés consciente de ello.
- ¿Consciente...de ello?
- Claro. ¿Esperas a que te irás de aquí sin aprender de tus errores? — Kent levantó una ceja cuando ella bajó la cabeza. — ¿Eres mala para las Matemáticas?
- HM...no soy muy buena.
- ¿Entonces por qué hiciste los exámenes de nuevo?
La joven se puso roja al instante. Su cabello se hizo hondas, y sus puños se apretaron. Kent es demasiado inteligente, se dará cuenta de ésto si profundiza más. Ella estaba perdida...
- Eso otra vez... — Kent refunfuñó para él mismo, y ésto la alertó. — Estás roja otra vez.
¡¡Se dió cuenta!!
Su cerebro se sobrecalentó. ¿Quien sería tan tonta para estar a solar con el chico causante de sus desmayos?, ella lo era. Acabada y atrapada en la trampa del destino, la chica cayó sentada en el sofá, con sus ojos dando vueltas.
Ésto era peor de lo que pensaba.
Kent vio una vez más a la joven extraña, y no Tardó en hacer lo mismo. aunque claramente él no cayó preso de la vergüenza.
Las hojas en las manos de Kent fueron separadas, y solo tomó una de las treinta. Las veintinueve restantes fueron dejadas en la mesa de sala de estar.
- Bien, empecemos.
Las palabras de sentencia. De pronto ella podía sentir que estaba en el juzgado, con Kent como el juez bien vestido e interesante, y sus peluches como testigos.
Un sonido la sacó de sus fantasías. Una hoja estaba frente a ella.
- ¿Que hay de malo en éste exámen?
La pregunta de Kent ofendía.
No por que la trataba de tonta. ¡Es que ella no sabía responderla!
Había hecho los ejercicios tan rápido que no le prestó atención a ninguno...
- Mencionaste que fue nada más empezar, así que...¿Será el primero?
- Así es. — Kent confirmó. — Quitando el detalle que fui yo quien te lo dijo, espero que sepas que es exactamente lo que está mal.
- Ug...
Estaba condenada a cadena perpetua sin posibilidades de libertad en imaginar su boda con él.
- ¿No sabes la respuesta?
- ...
Su silencio lo decía todo.
Inusualmente para otros, Kent suavizó su mirada penetrante. Sus ojos se relajaron, y una media sonrisa apareció en sus labios. Claro, ella no se había dado cuenta.
Sin avisar, el chico grande se deslizó en el mueble. acercándose más a la chica más baja. Ella se estremeció, pero para su suerte, no se desmayó.
- Creo que...está bien si te lo explico, ¿no?
Bastó unos segundos de silencio avergonzado. Para que la chica asintiera con la cara como una remolacha.
Él se acercó más a ella. Sus piernas estaban contra la otra, y Kent extendía la hoja de examen te frente a ellos dos. Aunque Él no quitó la intención de enseñar, él ahora estaba avergonzado. Muy avergonzado. Su tono de voz era tembloroso, y su cabeza ya no podía pensar con claridad. En todo el tiempo que él estuvo explicando lo que se suponía que sabía, ni si quiera él se entendía a sí mismo.
Cuando volteó a ver a la chica, con la esperanza de que también estaba avergonzada, se encontró con otra cosa.
Sobre su cabeza humo salía. y sus ojos daban vueltas.
Ella estaba más confundida que él.
Kent soltó una risita a ésto. Por la reacción inusual, la joven se giró a verlo. Pese a que él quitó ese semblante suave, no quitó la sonrisa.
- ¿De...de que te ríes?, ¿Que es tan gracioso? — Ella indagó. —
Kent se acomodó los lentes.
- Quiero hacerte una petición.
Una burbuja pareció explotar cuando la chica se recompuso.
- ¿Una petición?
- Si...tal vez te parezca extraño por pedirtelo tan repentinamente. Pero... — Kent vacilaba. Él luchaba internamente si decirlo o no. —
Sus ojos viajaron a los ojos de la chica, que los tenía muy abiertos. Él empezó a ponerse nervioso, y apartó la mirada mientras ocultaba sus ojos bajo los lentes.
- Supe...que una de tus compañeras tiene novio. — Comenzó. — Y he escuchado de las chicas que...es muy guapo. — Kent la miró de reojo. — Tú...¿piensas lo mismo?
-...¿eh?
Sin palabras.
La joven universitaria ni si quiera se sonrojó, tembló o tartamudeó. Solo estaba viendo fijamente a Kent, como si estuviera tratando de descifrar un código.
- ¿Qué?, ¿Fue muy complicada mi pregunta?, déjame definirla mejor para tu comprensión... — El joven llevó una mano a su mentón. — ¿Tú piensas que el novio de tu compañera es guapo?, en palabras simples: ¿Su físico está en tus estándares?
Estándares. ¿En serio ella está viendo a Kent analizando los gustos físicos de alguien?
- Chico...¿Hablas de Ukkyo? — Ella respondió sin tartamudear — Bueno...si, es guapo. Muchos lo describen como un príncipe...
- ¡¿Un príncipe?! — Kent saltó en su asiento — ¿Tú también piensas eso?
- ¡¿Eh?!, Yo... — Ella dirigió una mirada a sus propias manos. Encontrando una explicación, levantó una de ellas como una niña enseñando su juguete. — Tiene manos muy delgadas y lindas. Eso es lo que encuentran lindo de él.
- ¿Sus...manos?
- Si, aunque yo no le veo sentido...
- Ya veo... tú tienes los pies sobre la tierra.
El silencio gobernó otra vez.
Ella se sentía distinta ahora. Ahora estaba cómoda al lado de él, junto a él, aquí sentada...con él.
Ojalá ésto durara para siempre. Ella quería compartir más momentos así. ella quería que él la tratara...como Ukkio trata a su novia.
- Me gusta estar así... — Ella dijo sin más, estando en confianza. —
Kent la miró rápidamente.
- ¿Te-te gusta estar aquí? — Él preguntó. Él sonaba esperanzado, y miró su regazo con una sonrisa. — Entiendo...a mí también me gusta estar así.
Los corazones de ambos se habían abierto a la honestidad. Aunque él no tenía claro sus sentimientos hacia ella, sabía que estaba contento con lo que estaba sintiendo. estaba satisfecho con momentos como éste. Incluso estaba contendo con estar en silencio, con ella a su lado.
Él no quería que ésto terminara. Él quería estar en un momento así con ella desde que la conoció por primera vez.
Él creyó que era una chica interesante. Una joven graciosa y llena de secretos. Era todo un desastre.
Para todo el mundo, Kent estaba enamorado. Pero para él, solo estaba experimentando.
Un experimento que estaba dispuesto a extender durante mucho, mucho, mucho tiempo...
- Oye, Kent...
- ¿HM?, ¿que sucede?
Él preguntó sin verla a la cara.
- ¿Debería decirle a todos que tus manos son más lindas que las de Ukkyo-san?
La pregunta pasó desapercibida por un instante. pero la misma dio vueltas en su cabeza, hasta caer en cuenta de lo que estaba preguntando la chica.
Antes de que pudiera preguntar, la cara remolacha de la joven estaba más evidente que otras veces. Él hizo lo mismo que ella había hecho a causa de los planes de él: Siguió el hilo de su mirada, hasta llegar sus objetivos.
Kent nunca logrará encontrar una explicación científica de la procedencia de éste sentimiento. Ésto era inusual, y provocaba reacciones y acciones anormales.
Hasta el día de Hoy, con la chica en el sillón leyendo la revista de manga de la semana, se sigue preguntando lo mismo.
¿Por qué las personas actúan tan raro por amor?
Él nunca le había agarrado la mano a alguien.