Cuando la conocí no creí que pondría todo mi mundo patas arriba, no creí que mi vida se complicaría tanto, sin embargo, no me arrepiento porque cada segundo que viví junto a ella valió la maldita pena.
Celeste era un alma libre, encantadora y yo... Una tonta que a sus veinticinco años jamás había amado.
La noche en que la conocí no me entendía ni yo misma, pero la quería junto a mi, quería que toda su atención solo se centrase en mi. Nunca me había sentido así y mucho menos por alguien de mi mismo sexo, ella parecía darse cuenta de mis intenciones y se alejaba, me reproche a mi misma y culpe al alcohol de mi comportamiento. Cuando la verdad era que esa chica estaba removiendo algo desconocido en mi interior.
Un mes después la encontré en un bar, tomamos wisky hasta cansarnos, ella me robó un beso... Ese beso me hizo delirar más que el alcohol.
Desde ese momento comenzó nuestro amor imposible, nadie aceptaba que dos personas del mismo sexo se amasen. Ella me hacía sentir yo misma, me hacía descubrirme, cada segundo junto a ella era lo mejor del día.
Quería gritarle al mundo que la amaba, pero ese mismo mundo nos detestaba, no podían o no querían entender que dos personas del mismo sexo también tienen derecho a amarse.
Había momentos en los cuales la desconocía, solía decirle que era una rosa pues era hermosa, pero tenía espinas y a veces no controlaba a quien dañaba.
Una noche casi nos descubrieron, corrimos tomadas de la mano por un callejón oscuro y aunque la situación en la que nos encontrábamos era de preocuparse me sentía bien porque la tenía a ella junto a mi.
Nadie dijo que amar era fácil, nadie estipuló a quien podíamos amar y a quien no. Pero eso las personas no lo entendían y nos trataban como basaura por hacerlo, por amar a alguien de nuestro mismo género. Y ninguna de las dos imagino que ese sería el último día que nos veríamos... Nuestro final en la tierra se acercaba y no teníamos ni idea, todo sucedió tan rápido tan solo sentía como varias personas me retenían lejos de ella, mientras la escuchaba gritar y llamar mi nombre, quería llegar junto a ella, pero no podía porque me habían acorralado. Las personas tenían antorchas en sus manos y parecía una cacería y nosotras éramos las presas, solo pude sentir repulsión al ver a mi madre sosteniendo una navaja que entrego a alguien más y... cuando la ví en el suelo teñida en sangre y miles de personas a su alrededor y no hacían nada, la estaban dejando morir y sin importarme que podría ser yo la siguiente corri hacia ella porque sentía que en cualquier momento dejaría de respirar y no me consideraba lo suficientemente fuerte para soportarlo. Si ella moría lo haría también yo.
Ver su palidez me partió el alma. Ya nunca más la volvería a ver, ya no la escucharía reír o decir alguna estupidez que me hiciese olvidar mi enojo, ella que lo único que quería era igualdad y que las personas comprendieran que amarnos no era una atrocidad.
***
Había pasado un año desde su muerte y hace un año que me encontraba aquí encerrada entre estás cuatro paredes que en momentos me quitaban el aire y esos malditos medicamentos que me hacen perder la cordura ya no lo soportaba, quería estar libre, quería estar con ella... con mi rosa. Anhelaba volver a verla, sentirla, ver la calidez en su mirada que me decía que todo iba a estar bien.
Notaba en la mirada de mi madre su enojo, había pasado un año sí, pero para mí era como si todo hubiese sucedido ayer, y la odiaba porque fue ella quien me la arrebato, recordar como su sangre manchada mi ropa y por más que lo intentaba la sentía cada vez más fría, su calidez al igual que ella se habían ido.
Ese día en lo único que podía pensar era en vengar su muerte, quería ver sufrir a esas personas que no le importaron sus súplicas antes de mataría, no podía dejar de pensar en lo injusta que estaba siendo la vida con nosotras, ¿Qué habíamos hecho mal? porque las personas no pueden comprender que uno no elige de quién enamorarme solo sucede y ya, y como todo ser humano solo buscamos ser felices con la persona amada, pero no, si amamos a alguien del mismo sexo es una atrocidad. La atrocidad aquí son la sociedad, tan ignorantes que no pueden y no quieren entenderlo, queriendo hacer siempre "lo correcto, seguir las reglas", pues asesinar a una persona que lo único que hizo fue amar; no es lo correcto y mucho menos seguir las reglas.
No creí que por amarnos nos costaría la vida. Y cuando lo hice sabía que jamás lo entenderías porque tú no sabes lo que es el amor, jamás comprenderás el amor que yo sentía por ella, no comprenderían de lo que era capaz de hacer con tal de estar a su lado porque ella es mi vida y cuando la asesinaron también me asesinaron a mí y solo era cuestión de tiempo para estar con ella.