Nuestra historia es muy corta en realidad. Nos hicimos novios en la facultad de medicina, ya en los últimos semestres, ambos teníamos la misma edad y los mismos ideales, duramos 4 años de novios y decidimos que, como ya teníamos todo lo necesario, era tiempo de pasar al siguiente nivel.
Nos casamos en la capilla de Nuestra Señora en Arandas, Jalisco, a los 30 años y todo iba bien, de hecho más que bien. Al año siguiente, tuvimos a nuestro primer hijo, al cual llamamos Johnatan, un niño demasiado soñador, su madre y yo lo amamos demasiado, con una imaginación que pocos niños tienen hoy en día. Con decir que a los 4 años de edad, había creado su primer diseño de cuete con sopa de caracolitos y resistol, en lo personal me sentia orgulloso.
Su madre era demasiado detallista, guardó su primer diente, su foto de graduación de la primaria, de la secundaria, incluso de la prepa y de la universidad, era tan detallista, amable, sonriente, tan hermosa, que hasta el final viví enamorado de ella, a tal grado que no quería dejarla ir, pero tuve que hacerlo.
Ella me engaño. Me lleno de tristeza el alma y el corazón. Gracias a Dios mi hijo ya estaba grande cuando sucedió y lo pudo tomar de manera serena, pero yo no. Hasta cierto grado, entiendo que tengo un poco de culpa por lo que ocurrió, pero me hubiera enseñado a vivir sin ella, me hubiera enseñado a volar a otros vientos, y no lo hizo.
Es verdad que como médico con especialidad en cirugía de urgencias, me la pasaba más tiempo en el hospital que en mi casa con mi familia, por ello digo que lo entiendo de cierta forma. Eran varios pacientes a los que se tenían que atender, y más por los tiempos de pandemia. Llegaba a casa en ocasiones 1 de la mañana, 2, 3, y mientras más pasaba el tiempo y aumentaba la cantidad de enfermos, más tarde llegaba, pero nunca le mentí, nunca la engañé.
Ya llevábamos 30 años de casados, 30 años, y ella murió, murió de un ataque al corazón, no sé si por el abandono en que la tenía, no sé si porque su hijo se fue lejos, pareciendo olvidarla, no lo sé, pero ella me prometió que no moriría antes que yo, y lo hizo. Nos abandonó a nuestra suerte. Es más, me aseguro que así como estuvimos juntos tanto tiempo, moririamos juntos, y no fue así. Ella también tenía su trabajo, pero siempre llegaba temprano a casa y yo llegaba tarde, esto apartir del año 26 de matrimonio.
Hice todo lo posible para salvarla y no pude, murió a los 60 años, aún podía vivir más y por mi culpa, o en parte mi culpa, no pudo, pero me mintió y solo me dejó. Espero llegue el día en que está pena pueda superarse y mi alma quedé en paz.