En la vida el amor es como el aire, siempre es necesaria en una persona, se esparce por todo el mundo. Es como un sueño para muchos, ay otros que lo ven como una simple ilusión.
Este relato no es mío, es un relato que hice de la historia de una seguidora que me lo pidió. Ella me dió la confianza de escribir en un pequeño relato lo que sufrió en el pasado...
Soy Beatriz, en la actualidad tengo 20 años. Soy madre soltera de dos niños hermosos a los cuales amo con todo mi corazón.
Ellos son mi prioridad, anteriormente tuve una pareja con la cuál estuve casada.
Lo conocí mientras estudiaba la universidad, ambos empezamos rápidamente, muchos dirían que fue amor a primera vista. Incluso yo también lo creí así pero ese pensamiento fue mi mayor error.
Yo aún vivía con mis padres, en ese entonces tenía 18 años. Acababa de terminar la prepa y a penas comenzaba la universidad.
Al principio él era muy atento y tierno conmigo, lo llevé a conocer a mis padres. Estuvimos un año de novios, en ese transcurso él parecía estar perdidamente enamorado de mí, así como yo lo estaba de él.
Me propuso juntarnos y yo accedí de inmediato. Mi padre me regañó y me dijo que él esperaba que yo me casara adecuadamente con un vestido de blanco y no simplemente juntarnos.
"Pero yo estaba ciega, ciega de amor" mis amistades de la universidad me aconsejaron que no me casara con él, me decían cosas sobre él. Cosas que yo no quise creer, e incluso me separé de ellos ya que pensaba que eran malas amistades.
Cuando me junté, dejé la universidad ya que no tenía como pagarla. Al principio creí que no necesitaba más estudios mientras estuviera con él hombre que amaba.
Mis padres siguieron insistiendo hasta que lograron hacer que nos casáramos por el civil. Él me había dicho que sus padres habían muerto por lo que nunca los conocí.
El mero día en el que firmamos nuestro matrimonio ante la ley. Yo... no sabía que había firmado mi sentencia de esclavitud.
Él cambió completamente los días siguientes, me obligaba a tener relaciones sexuales cada vez que a él se le antojaba. No era nada romántico, yo sentía dolor por la forma en como me tomaba, ni siquiera me acariciaba con delicadeza.
Parecía como si yo fuera una muñeca de trapo que no siente dolor en absoluto. Me aisló de todos, me tenía encerrada en casa sin siquiera salir a tomar aire o a tomar el Sol.
Él salía seguido a trabajar pero me dejaba con llave la puerta para que no pudiera salir, me quitó celular y comenzó a golpearme con brusquedad por razones desconocidas.
Cuando mis padres se enteraron de eso, quisieron ir a traerme pero él se los negó. Mi padre tuvo un infarto debido a aquella discusión que tuvieron, no siquiera pude asistir a su funeral.
¡Yo soy la peor hija que existe en el mundo!
Mi esposo me pidió el divorcio repentinamente, me alegré cuando me dió el papel. Sin dudarlo lo firmé, él se fue sin perder tiempo.
Poco después supe que mi madre lo había denunciado y la policía lo estaba buscando, por eso era su prisa por irse.
También supe que yo había sido solo una aventura para él, más que una aventura... ¡fue una venganza estúpida!.
Su novia era mi antigua mejor amiga, nuestra amistad terminó porque yo le gané en un concurso. En una fiesta de graduación de la prepa, nuestros compañeros hicieron un juego de elegir rey y reina de la fiesta. Yo y mi amiga fuimos candidatas a ser reinas y yo fuí la ganadora. Desde entonces ella me guardó rencor y dejó de hablarme.
El conocerlo fue un plan de parte de ella, lamentablemente mis padres lo obligaron a casarse conmigo y por eso él me torturar a de esa forma. Era una forma de expresar el enojo que sentía por mi culpa.
A los dos meses supe que estaba embarazada de gemelos. Mi madre me pidió abortar para deshacerme de recuerdos de mi ex esposo pero yo me negué.
Ellos no tenían la culpa de haber tenido un padre como el que los engendró, además él no sería su padre, ya que empezaríamos una nueva vida dónde solo estaríamos mis hijos y yo, por supuesto que también mi madre.
He tenido que trabajar para poder luchar por esos hermosos bebés, que con cada mirada me roban el corazón. Mi madre aprendió a quererlos y me apoyó desde que yo acepté tenerlos.
Nunca llamaría a mis hijos error, al contrario. Ellos son mi bendición. Una bendición de volver a empezar...