Honestamente, nunca me he casado, y no lo planeo para el futuro. Pero si algo me han enseñado las parejas casadas que conozco, es que una relación debe tener confianza y reciprocidad. Es un trabajo mutuo.
Una decisión hecha con la cabeza.
Lógica y racionalmente. No descarto los sentimientos, sólo digo que, una relación basada únicamente en ellos no tendrá buenos cimientos.
También que, la infidelidad, de hecho, es bastante común. Eso no quiere decir que esté bien, sólo que, si una vez, alguno es infiel en su matrimonio: no lo tomen como si fuera el final de sus vidas.
La conversación de ambos, escuchando y hablando sobre lo que piensan, sienten, y qué creen que los llevó allí.
Sin echar culpas, esa mesa en la que se discute el tema, es como Suiza, súper neutral.
El infante, si tienen uno, debe estar en una zona considerada segura por ambos durante las negociaciones pacíficas y no tan pacificas.
Pueden decidir continuar juntos y sobrellevar sus errores, e ir cambiando. Porque es posible, muchas veces.
Pero en caso de que decidan separarse; nunca hagan o digan algo en contra del otro frente al niño. Tampoco lo mimen demasiado ni lo hagan sentir culpable por la situación. Sean claros con ello, fue vuestra decisión de adultos hacerlo, no del niño.
Si aún guardan cierto cariño, si no por ustedes, por el niño, esfuércense en la convivencia de una custodia compartida.
Ya sé que la realidad tiene muchas variables, y difícilmente es tan sencilla de superar. Pero la cosa está en intentar e intentar.
Los humanos cometemos tantos errores, que hasta se nos considera humanos por ello, ¿pero sabéis qué más es humano? La capacidad que tenemos de adaptarnos y cambiar.
Con suerte para mejor.
P.D.: No te quedes si no puedes confiar más, si incluso después de que lo hablaran y pasaran tiempo pensándolo; no encuentras confianza, no sigas. Sin confianza mutua, no hay resolución para continuar.
~¿Qué es lo que hay que hacer? Nadar, nadar~ Una lección de “Buscando a Nemo”.
Cornucopia: cuerno de la abundancia y nutrición, de la riqueza y prosperidad. Puede emplearse como atributo para la fortuna, la prudencia y la alegría.