No duró ni una vida (sólo desde la infancia hasta la adolescencia). Pero estoy segura, de que la recordaré en casi toda esta.
Ya sea en una ciudad contaminada y oscura, que actualmente me recuerda a Ciudad Gótica, una zona rural con algo de luz tras las nubes que siempre están presentes, o un mundo de fantasía con objetos imposibles; un personaje escapa tanto de zombies, como villanos, monstruos de sombras o un asesino serial de una película de terror.
No “pienso”, no “existo”, sólo siento un propósito de muerte. Eso, cuando me presento en primera persona, en otros puntos de vista incluso puedo ver una historia feliz. A veces hasta me permite ver el final.
Aquí, hablar es como seguir un guion que no sabia que existía hasta que alguien habla, y entonces lo sé. A veces es un cine mudo.
Nunca quiero quedarme para siempre, pero amo ese lugar como ningún otro. Incluso si es una pesadilla.
Siempre que encuentro un escape al lanzarme de un edificio (esperando volar o no), o dejándome atrapar por mi perseguidor monstruoso de turno (a veces un humano, a veces un animal hambriento), no encuentro razones para dudar de mí. Pienso que me dolerá. Siempre lo hace, pero no siempre la muerte fue la solución.
Cada vez que decido que esto es un sueño y no me importa morir, muero y vivo de nuevo. También cuando quiero quedarme para ver un final, un parpadeo y despierto en otro lugar.
O en un bucle de muerte constante con el mismo monstruo, me rindo con la huida. Y después de dejarle devorarme el corazón una vez, pienso -“Ah, sigo viva”- y vivo.
Conclusión: La escapatoria es inútil, lo mejor es dejar que tus perseguidores te evisceren cada pedazo de autoconsciencia y conciencia. Pero siempre ten cuidado de meter todo de vuelta cuando te armes a ti misma otra vez.
Esta gran persecución de la cohibición es cansada.
*Cohibición: timidez o vergüenza causada por el aumento de la autoconsciencia. Preocupación por uno mismo, sobre todo por la percepción de otros sobre tu aspecto o acciones.