Mi madre era una mujer bastante olvidadiza pero con mucho carácter. Y no la culpaba y tampoco la reprochaba, había que entenderla. A una corta edad tuvo que hacerle frente a la vida de una mujer viuda y cargar con siete niños.
Trabajaba día y noche para darnos las tres comidas diarias. Una educación de calidad. Y una infancia relativamente tranquila. Tristemente yo nunca entendí eso y siempre fui el mas travieso, el que siempre llevó más golpes de lo necesario.
Debido al exceso de trabajo, por lo general siempre olvidaba lo que llevaba en la mano. Si pudiera volver en el tiempo trataría de ser un mejor hijo...
La última vez que me golpeó, olvidó que llevaba un cuchillo en la mano.