En tan poco tiempo, mi vida cambió. Todo lo que creí cierto y hermoso resultó ser una mentira. Todavía no puedo salir del shock, el enterarme que mi querido y adorado esposo, con el que había pasado tanto tiempo y tenido un hijo me había engañado de la forma más vil y traicionera fue un baño de agua helada para mi. La peor parte es que no tenía una salida clara; decírselo a mis amigas sería para que hicieran un escándalo y lo divulgaran por todo nuestro círculo de amistad, decírselo a mis padres sería para no tener un apoyo real, pues me dirían que lo perdone y que olvide todo eso. No sabía que hacer.
Me senté un momento a pensar en lo que debería hacer, mi hijo quería mucho a su padre y no podía negar que mi esposo cumplía bien su papel con él. No quería alejarlo de él y que creciera en medio de una familia disfuncional pero ¿qué había de mí?
Su traición me dolía, todas las veces que me juró amor eterno y fiel ¿fueron mentira? Yo lo amaba con todas mis fuerzas, le dediqué mi vida misma y haría lo que fuera por él ¿por qué me hizo esto?
Mi corazón latía con mucha fuerza, mis manos temblaban y las lágrimas salían solas.
—No lo comprendo ¿en qué fallé? ¿No le di la atención suficiente? ¿No fui buena en la cama con él? ¿Le serví mal alguna comida? ¿Por qué demonios me engañó?
Los sentimientos bailaban en mi cabeza como espectros sedientos de ver como caía en locura. Tristeza, ira, rabia, culpa, angustia se acumulaban en mi interior y hacia más difícil asimilar lo ocurrido.
Pensé en encontrarlo, abofetearlo y armar una escena en medio de la calle. No me importaba que la gente me viera como una despechada enloquecida, la ira quería salir por si misma tomando control de mi mente, pero no quería que alguien conocido viera eso e hiciera un show sobre los problemas de mi matrimonio. Esa idea estaba descartada.
También quise perdonarlo. Sentía en el fondo que tenía la culpa por lo que pasó, últimamente lo veía alejado de mi y yo no me daba cuenta de eso hasta que me enteré de que me había sido infiel. Además, había pasado tantos años con él que la sola idea de echar a la basura todo ese tiempo me producía un gran vacío.
—Quizás sea lo mejor, perdonar lo ocurrido, darle un beso y hacer como si esto nunca hubiera ocurrido. Todo sea por mi y por mi hijo.
Pero ¿que pasaría si viera más allá de la culpa inmediata?
Él consiguió un buen trabajo y ganaba bastante bien porque yo pospuse mis estudios universitarios cuando nos casamos, siempre procuré verme linda para nunca perder su atención y enamorarlo cada día, como siempre soñé mi vida de casada. No es por presumir, pero siempre lo dejé satisfecho en nuestras noches de pasión y nunca descuidé mis deberes de mujer y esposa, el niño estaba muy bien educado debido a que yo me tomé el trabajo de criarlo mientras su padre no estaba en casa.
Yo no tenía la culpa de esta infidelidad.
Era una decisión obvia pero difícil de tomar, sobretodo cuando debía explicárselo a mi hijo. Pero él tampoco tenía la culpa de esto y no podía alejarlo de su padre. Sin embargo, si esto ocurrió una vez, podría volver a suceder en el futuro y, quién sabe, podría perder cariño hacia su hijo.
—Ya llegué, querida. —escuché la voz de mi esposo.— ¿dónde estás? No huelo la cena.
—Siéntate por favor, tenemos que hablar. —dije al encontrarlo en la sala. Trataba de mantener el control de mí misma.
—¿Pasó algo?
—Quiero que me respondas algo con sinceridad, por favor.
—Ok, pregunta —dijo extrañado.
—Dime ¿ya no te parezco bonita?
—¿Como dices?
—¿Te he fallado en algo? ¿Has visto que soy descuidada?
—Para nada, mi amor —dijo mostrando una sonrisa nerviosa— no sé porque haces esas preguntas tan extra-
—Ya lo sé todo.
Su rostro se quedó en blanco.
—Sé que me fuiste infiel con una de tus "socias" y no puedes negarlo porque lo he confirmado en las marcas de labial de tus camisas y en las fotos donde apareces con ella.
—Amor, yo...
—Por favor, no digas nada. Ninguna de tus excusas servirá para hacerme creer lo contrario. ¿Me crees tonta?
—Solo fue una vez, te prometo que fue un accidente.
—No insultes mi inteligencia ¿sí? No me harás creer que fue solo una maldita vez. —una lagrima de rabia salió de mi ojo— Tus actitudes de los últimos días me lo confirman aún más.
—De verdad, lo siento.
—Tus disculpas puedes guardarlas para nuestro pequeño hijo, a mi no me sirven.
—...
—Solo dime esto ¿por qué?
Su mirada esquivaba a la mía. Sabía que no tenía escapatoria
—Me he sentido muy presionado últimamente y ella parecía una mejor opción que tú ¿eso querías escuchar? Ya ni me pones atención cuando quiero entablar una conversación contigo, siempre estás ocupada y ya no puedo disfrutar de mi mujer. No pude evitarlo.
—Es suficiente, no digas más. —dije con el corazón partiéndose en mil pedazos. Por primera vez, se ponía sincero conmigo— He tomado mi decisión.
—¿Qué harás?
—Separarme de ti.
Su mirada se tornaba desafiante.
—¿Y que hay de todos nuestros años de casados? ¿Qué hay de nuestro hijo? ¿Vas a dejarlo sin padre?
—No te lo quitaré para siempre, pero vendrá conmigo. Eres su padre y tienes derecho a verlo, pero en cuanto a nuestra relación, no puede ir más.
Me levanté y estaba a punto de ir al cuarto de mi hijo cuando escuché la voz de mi esposo.
—Esto no tenía que ocurrir, si tan solo me pusieras más atención, no tendría que buscarla afuera.
—Te pregunté si te fallé en algo, no respondiste en su momento. Nos vemos luego.
Por la noche, le expliqué a mi hijo que estaríamos un tiempo alejados de su padre, pero que podría verlo los fines de semana. Traté de que se viera como un viaje donde su papá no podría acompañarnos.
—Pero papi se sentirá sólo. No quiero que se ponga triste.
—Hijo, estoy segura que no se sentirá solo, créeme.
Al día siguiente, tomé mis cosas y las de mi hijo y salimos de casa. Renté una habitación en el centro de la ciudad y nos acomodamos para esta nueva vida. Ambos necesitabamos estar lejos para reflexionar bien sobre toda esta situación.
¿Algún día renacería el amor en medio del dolor? No lo sabía, quizás si, o quizás nunca más, pero de algo estaba segura: las cosas serían totalmente diferentes a partir de ahora.