Cosas tristes que nunca encuentras, palabras olvidadas que desearías no pronunciar, la bruja enciende el fuego y deja caer un suspiro mientras el velo de la noche envuelve el horizonte para cerrar las puertas del día.
La bruja coloca su caldero y el fuego comienza a calentar el contenido dentro de este, agrega un poco más antes de que las palabras recitadas se vuelvan parte de ella misma, el portal no se abre, una y otra vez repite la vieja fórmula y las puertas nunca se abren para ella.
Ahora, la ella desfasada de su tiempo miraba el atrás que era el futuro a la vez que era su propio pasado, alejada de todo lo que conocía ella era un extranjero en medio de un paisaje conocido pero no el de ella.
Se alejó del fuego y se deshizo del caldero.
¿Que hizo mal?
Fueron los mismos ingredientes, el mismo hechizo, las mismas palabras bajo la misma luna. No quería cambiar el pasado, solo quería ver a Aidan antes de perderlo, verlo una vez más antes de que todo se perdiera, antes de que sus propios sueños desaparecieran.
Pero llegó demasiado pronto, antes del día, antes de ella, antes de él.
Tan sola, tan olvidada en aquel túmulo de piedras que estaba destinado a olvidarla.
Suspiro.
Aquella no era su noche, quizás ninguna lo era.
La Bruja dejó todo atrás y camino por el mismo sendero por el que vino, no miro atrás, el viento no se lo permitía.
Recordó los sonidos de la risa de su amante, se animó a acercarse al final del camino, ahora, en este instante donde no le quedaba nada, pero no, no pudo seguir adelante.
Como siempre, el viento no se lo permitió.
Los sonidos del viento la llamaban como un gorjeó en medio de la tempestad que se formaba para no dejarla continuar.
“No” gritaba el viento.
La detenía el viento, sus propios pasos la detenían, ese mismo viento le impedía caer entre las rocas donde chocaban las olas.
Entre su pena y el dolor cuanto la amaba el viento, cuanto la adoraba que la alejaba de su tormento.
La apartaba de todo mal, le impedía seguir a quien más amaba y seguir viviendo en el recuerdo de aquel pasado que aún no se escribe.
- Déjame ir… déjame…
Gorjeos y susurros traía el viento, flores y olores.
La bruja miraba el viento que era como un niño que abrazaba su madre, un gritó que desgarraba el alma paso a desahogar el alma dejando solo a la bruja y el viento.
Entre arrullos que la reconfortaba los cantares y la tormenta pasaba dejando pasar a las estrellas.
El viento abrazaba amando.
Incondicionalmente amaba a la madre que le daría vida, entré la madre y el hijo, entré la vida que comenzaba, el viento que amaba a su madre no le permitió partir.
Ahora entre sus lágrimas la bruja seguía a las estrellas, el viento cantaba en su oído a la vez que su futuro era su pasado y el pasado era su futuro.